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Entre feria y feria… El Pabellón Artístico en mi recuerdo. Villarrobledo y Alicante – 2009-XII-16

Queridos lectores, cuando hice las prácticas de biblioteconomía y archivística le pedía a mi dilecto profesor José Manuel Mora que me enviara a mi propia casa, pues allí bien las podía realizar y salir experto entre los libros centenarios que tengo y las colecciones de papeles  que atesoro como historiador. Pero no… me mandaron a biblioteca Gabriel Miró, pero oigan ustedes nada de reproches, que guardo gratos recuerdos de allí: de los fondos y legados que custodian y de dos profesionales de los que aprendí mucho, Rosa y Juan; éste último terminó de formarme en catalogación, yo creo que hizo la tarea más ardua y paciente que me daría mi valía profesional en futuras bibliotecas. Constante viajero solitario que me regaló20161103_121446 sus reglas de catalogación cuando se prejubiló, y del que me acuerdo muchas veces ahora que viajo solo: de sus consejos, viajes y modo de vida (no creo que nunca lea estas líneas, pero que sirvan de homenaje a esas personas anónimas que se cruzan en tu vida para aportar cosas buenas).

Al lío lectores, que me voy por las ramas. En estos días de descanso me puse a reordenar esos miles de papeles que os digo que tengo; más que ordenar, releerlos, cambiarlos de lugar y sorprenderme (o hacerme el sorprendido) al ver alguno que ya ni me acordaba… así disfruto yo desde que era pequeño.

Ayer apareció un pequeño libreto, facsímil de algún otro de los años cincuenta: Pabellón Artístico, único en España reza su título. Por lo que he decidido hablaros de él.

Se trata de una vieja atracción de feria formada por dioramas representativos de una España costumbrista de principios de siglo, cuyos personajes autómatas se mueven y te imaginas lo que dicen al leer pequeñas coplas que hay en sus cartelas.

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Interior del Pabellón Artístico

Los autómatas siempre han sido seres misteriosos y admirados, figuras que hacían los relojeros por conocer el engranaje de sus mecanismos… Carlos V ya los coleccionaba en el s. XVI. En el s. XIX se pusieron de moda, desde los más simples o los más complicados, asociados a los magos y prestidigitadores (recordemos que mi gran Méliès, mago y cineasta, se retiró al anonimato regentando un pequeño quiosco de autómatas que él reparaba, propios de su profesión). Yo creo que hasta los años 80 estabieron vigentes, ¿quién de la generación EGB no ha tenido una hucha de las que por algún mecanismo motor era succionada la moneda? Pero amigos, en cuestión de 20 años llegó todo lo digital… y adiós a esos sanos juguetes que durante generaciones nos han dejado boquiabiertos.

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Entrada y carrillón musical del espectáculo

Nos retrotraemos a ese periodo entre mi infancia y mi juventud, ¿10 u 11 años? No me acuerdo. Agosto. Feria de mi Villarrobledo natal. De esas noches que nos acercamos a dar una vuelta (íbamos mis padres y yo solamente) y allí estaba una vieja atracción que nunca antes había llegado a la localidad y que con plena certeza os diría que fue su última gira como tal. Se trataba efectivamente del Pabellón Artístico. Mi madre, como buena madre que quiere ver a su hijo contento me ofreció subir en varias atracciones, a las que me negué por no querer subir solo. Cuando llegamos allí volvió a insistir y accedí. Cuantas veces le debería haber dado las gracias por aquella insistencia. Pude ver in situ y con la misma finalidad  que un día nació aquel viejo carrusel de feria.

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El diorama del Sr. Ventura… modificado por los tiempos políticos: de “republicano de acción” a “nunca metido en acción”

Mi madre insistió porque ella con unos 6 años lo había visto en otra feria de Villarrobledo, pero cuando se ponía en la Plaza de Abastos, concretamente en laesquina de la C/ San Clemente. La vio con mis abuelos y se echaron grandes risas al ver aquellas escenas, de hecho muchas las recordaba y las comentamos cuando yo salí.

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Imagen que distorsionaba la realidad de la sociedad de aquel entontes, un tanto machista. Mientras la madre se “enpolva la cara”, dice el marido: ¡Cuánto tiene que sufrir! / el hombre cuando se casa / más le valiera morir / antes de levantar casa.

El concepto de humor cambia, a mí me sorprendió ver aquellas imágenes, pero no tanto como les tuvo que sorprender a la generación de nuestros abuelos  que nacieron sin televisión y mucho menos a la de nuestros hijos que parecen haber nacido con un teléfono  móvil.

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Eran escenas antiguas con un humor antiguo… soldados, suegras, toros… los novios que se besan cuando la madre que los vigila se gira, o el gato con plumas en la boca tras comerse el pájaro de unos niños, son escenas que hoy no impresionan hoy en día y nos recuerdan a épocas pasadas.

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Humor pícaro

Me acuerdo de la atracción de espejos cóncavos y convexos que deformaban a la persona que se ponía frente a ellos para así reírse un rato…. Atracciones con las que mis abuelos se lo pasaban muy bien pero que hoy ya no tendrían sentido ante el “factor sorpresa” de la deformación… si nuestro móvil hace videos a tiempo real poniéndonos orejas, ojos y hocico de perro o cervatillo….

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Hace unos años, Manuel Ferrando, un particular de Alicante compró y restauró el viejo carrusel construido  en la provincia de Córdoba por Antonio Valle a finales del s. XIX y que fue regentado por tres generaciones de su familia; siendo el hijo de este (afincado ya en Alicante) el que construyó hacia 1920 el que yo pude ver y fotografiar. Muchas de las imagines se las hicieron imagineros valencianos en esos años. La rehabilitación tuvo que ser una tarea ardua con aquellos engranajes, poleas y correas que funcional al unísono para dar vida a tanto escenario. Y durante los días de Navidad el Corte Inglés lo expuso como atracción navideña en la Avd. Maisonnave.

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El destape… otro clásico semi clandestino que robaría risas y caras de sorpresa

Pasé varias veces, previo pago en taquilla y recepción de librillo facsímil explicativo. Estaba perfecto… una maravilla que pude ver ya con ojos  adultos y nostálgicos… recordando el amor y cariño de mi madre  aquella feria de mi niñez, viendo una atracción viva que divertiría a cientos de personas…  e imaginándome mentalmente a mis abuelos releyendo días después aquel librito que te daban con el texto y fotos del Pabellón Artístico, único en España.

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otra escena que se podía ver: Manolete siendo corneado por Islero en Linares (1947)

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Zapateros, imágen que desapareció y recicló en otra, pues variaban según la época y los gustos

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El pabellón siendo trasladado en barco y colocado en alguna feria local

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Francisco Sevillano Colom, archivero mayor del reino. Oropesa del Mar (Castellón) – 2016-X-14

Os escribo desde mi pequeña y natal Olba (Teruel); me queda muy poco para regresar a la urbe y continuar con la voracidad de nos marca esta sociedad “Nespresso” en la que vivimos. He decidido dedicaros unos minutos,   aprovechando este rato de tranquilidad que me brinda mi café matutino y la sierra de Gúdar que guarda el río Mijares frente a mí.

Oropesa (Castellón) me ha sorprendido. Me he acercado a ella desde la cautela del no saber. Esperaba encontrar un “Benidorm castellonense” lleno de turistas y monumentales edificaciones de apartamentos, pero no amigos, me he encontrado con un pequeña pueblo con aires mediterráneos.

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Calle de Oropesa del Mar

Mi último viaje me ha llevado a ver varias ciudades, cada una por un motivo en particular, siendo tal vez Oropesa del Mar el motivo más familiar, amigable, desconocido, histórico y por qué no… más vinculado a mi Villarrobledo natal.

He de decir que solo visité su casco antiguo… como toda ciudad de costa tendrá sus barrios dedicados al turismo y a la especulación, pero el centro de la ciudad es una maravilla (al menos en octubre), lleno de casitas bajas, con sus habitantes autóctonos que no dudan en ayudar al viajero perdido.

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Muralla del s. XVII, de trazado recto con baluartes en las esquinas. En el trozo de lienzo de la foto se instaló la prisión en aquellas fechas

El casco de Oropesa se sitúa sobre una colina, no muy cercana a la playa. A medida que subes por sus empinadas calles de casas blancas, cuidadas y repletas de buganvillas en flor, te retrotraes a otras épocas de estrechas callejuelas  medievales… y no es de extrañar porque debes atravesar los lienzos de su antigua muralla perfectamente conservados para llegar al cenit: la iglesia capilla de la Virgen de la Paciencia, construida en 1589 por mandato de la Señora de Oropesa a través de la Carta Puebla.

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Iglesia de Oropesa

Al estar intramuros fue hospedaje para los primeros repobladores cristianos, y lugar de culto para la Virgen del Rosario. La talla recibe el actual y curioso nombre porque en 1619 se produjo en Oropesa una razia de piratas que saquearon a la población, por lo que la imagen se llevó al convento de carmelitas de Valencia para su salvaguarda. Allí fue restaurada pacientemente por las monjas… tan pacientemente que se mereció el sobrenombre. La talla fue devuelta a Oropesa casi 400 años después.

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Interior de la iglesia. Destaca la azulejería del s. XVIII procedente de Alcora

La nota curiosa, y una de las razones de mi visita, es la relación de Villarrobledo con Oropesa, vinculadas por la figura de Francisco Sevillano Colom (hijo, nieto, biznieto y un largo etcétera de villarrobledenses por vía paterna).

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Francisco Sevillano Colom (1909-1976)

Soy amigo del hijo de éste, también Francisco Sevillano, con el que arreglo y desarreglo el mundo en lo que dura un café. También somos parientes, y así nos tratamos, ya que el abuelo de mi bisabuelo era hermano de su bisabuelo ¡¡toma ya!! (de ahí las dos generaciones que nos llevamos y el segundo apellido de mi padre en común). Siempre me ha fascinado su vida viajada y leída, llena de anécdotas que te dejan la boca abierta… como la de su padre, que ostenta la nomenclatura de una calle en el centro de Oropesa, así como el darle nombre al centro de jubilados. Y no es para menos, queridos lectores, el curriculum de Francisco Sevillano Colom es amplio, dedicado a la cultura y a la investigación.

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Su padre fue Juan Sevillano, abuelo paterno de mi amigo, pastor al servicio de los Giménez de Córdoba en Villarrobledo hasta que se fue al Servicio Militar. Allí despuntó por su valía intelectual, y pudo estudiar hasta ingresar en el Cuerpo de Carabineros; cuerpo armado creado en 1829 dedicado a la vigilancia de puertos y fronteras (en 1940 sería absorbido por la Guardia Civil, hecho que Juan no conocería porque murió en 1937 en Tarragona). En este periplo se casaría con la valenciana Francisca Colom.

Estaba destinado en Oropesa en 1909, como ciudad de costa que es, cuando el 5 de septiembre nació su hijo Francisco Sevillano, oropesino pero muy vinculado a Villarrobledo como os podéis imaginar queridos lectores.

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Hogar del Jubilado: Francisco Sevillano

Con el tiempo se licenció en Filosofía y Letras (ser medievalista será su pasión), y entro a formar parte del Cuerpo de Archiveros, bibliotecarios y arqueólogos. Escribió numerosas publicaciones (unas cuarenta obras) entre ellas la historia de su ciudad natal, de ahí el tributo que Oropesa le rinde.

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La Historia de Oropesa publicada en 1953 por Francisco y dedicada a sus padres, el villarrobledense Juan Sevillano y la valenciana Francisca

Fue el secretario (aquí sí que puedo utilizar perfectamente la manida frase de “archivero mayor del reino” y quitársela por un rato a mi estimado profesor y compañero Fernández Cabello) en el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona). Leerá su tesis doctoral en 1946: “Valencia urbana medieval a través del oficio de mustaçaf“. Años después estará al servicio de la UNESCO como jefe de la unidad móvil de microfilmación por América del Sur y países árabes de África (1959-1965), y es que Sevillano era un auténtico políglota: además de castellano y valenciano/catalán, hablaba inglés y francés perfectamente, defendiéndose en italiano y traducía a la perfección textos del latín, griego y árabe clásico.  Una vez que regresase definitivamente de su exílio (y posterior depuración como buen intelectual que era), pasó a dirigir el Archivo del Reino de Mallorca (1966-1976), . También dio clases en la universidad con la asignatura de paleografía por sus grandes conocimientos en este terreno. A més a més, que dicen los valencianos, participó en numerosos congresos nacionales e internacionales.  Finalmente  formará parte del equipo del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Barcelona; ciudad donde le sorprenderá la muerte con 66 años, el 17 de febrero de 1976, siendo enterrado en el cementerio de Collserola.

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Antiguo cine de Oropesa entre las calles Estación y Fco. Sevillano

Mi amigo Francisco, en la “última curva del camino” parafraseando a Baroja, decidió regresar a Villarrobledo, como hijo adoptivo a fin de cuentas y oriundo de allí, para esperar el Nirvana. Una gozada para quienes lo conocemos y podemos compartir charlas con él. Hace años viajó junto a Leopoldo Sevillano, también pariente y amigo nuestro a Oropesa para ver la calle de su padre; en el día del cumpleaños de Leopoldo (que ya nos falta), decidí hacer yo este viaje y así unirme con ellos en algún plano, aunque sea el mental. Namasté.

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Detalle de la arquitectura contemporánea de Oropesa. 1927

 

Para saber más:

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Francisco Sevillano Colom (1909-1976)

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El último molino urbano de Villarrobledo. Albacete – 2014-XI-18

Ahora que llegan las primeras nieblas matutinas y que los campos de vides empiezan a estar podados… es hora de comerse unas buenas gachas acompañadas de un pimiento en aguasal. Para cocinarlas hay que comprar  harina de guijas (o de almortas que suena más árabe), por lo que hoy estimados lectores viajaremos a uno de los pocos molinos urbanos que quedan en Villarrobledo, que aunque dejó de moler hacia 1987… aún está abierto y pasar a su interior es retrotraerse 100 años en la historia local.

6. Fachadas (4)

El Molino. En la calle Dos de Mayo, nº71

Era conocido como el Molino de los Pañalones, regentado por los hermanos Marcos-Montero más de medio siglo. Tuvo que ser inaugurado a principios de 1900, una industria en parte novedosa para Villarrobledo. No por la parte de la molienda del grano, sino por el funcionamiento y puesta en marcha de la empresa. Lejos de los molinos harineros que empezaban a estar en desuso, situados casi todos en lo alto del barrio de Asturias para aprovechar la fuerza eólica, a la más pura estampa quijotesca, éste utilizaba la fuerza eléctrica recién inaugurada en la localidad. Si aquellas viejas moles con sus aspas giratorias tenían que buscar el mejor viento según el grano a moler (a la hora que fuera y si hacía viento… claro), éste molino estaba adaptado a los nuevos tiempos que el Movimiento Obrero y la industria reclamaba. La Revolución Industrial llegaba a Villarrobledo, en el corazón de una sociedad practicamente agropecuaria.

Foto actual del interior

Foto actual del interior

Se trata de un edificio de dos plantas que se construyó exprofeso para estos quehaceres. Unos cinco operarios, más un carpintero, trabajaban en sus tres pares de piedras que molían en la planta de abajo: dos para trigo y una para cebada, siendo ésta última la que aún perdura sorteando los escoyos del tiempo y de la modernidad.

Piedra

Piedras de moler en el interior del cajón, sobre una bancada centenaria

Particulares llevaban su grano, al que se le hacía la maquila, es decir el descuento de la parte proporcional que el molinero se quedaría por sus servicios. Es decir, que el molinero no cobraba en cash que decimos los ingleses, sino en especie. Maquila viene del árabe hispano makila, y al igual que el oro en la actualidad la maquila también fluctuaba, así que se podía ver a la gente de molino en molino preguntando a cuánto estaba para o bien llevar sus costales o bien esperarse. Para que os deis una idea estimados lectores, a finales de la década de los ochenta la última maquila estuvo al 18% .

Junto a las piedras hoy paradas estaba el despacho de harinas, como en la actualidad, de ahí ese ambiente tradicional casi nostálgico que aún perdura en la tienda. Trigo, triguillo, cebada, centeno, maiz, harinas, harineta, guijas, legumbres de toda clase… se daban cita allí. Si tenéis ocasión pasad y situaros ahí unos instantes… contemplando los cajones y la báscula, ésta más antigua que el propio edificio (hacia 1890) y en perfecto uso. Que compres 1 kilo de harina y que te lo pesen en la misma báscula que un día se lo pensaron a tu bisabuelo… es como la Master Card, no tiene precio.

3. Báscula 1890 (1)

Peso de 1890, cuya cabeza bascula y vierte lo pesado en una bolsa

Hacia 1969 el molino apenas funcionaba como tal. Había sobrevivido a la crisis económica de 1929, los desastres de una guerra civil y la carestía y el straperlo de la posguerra, pero aun así se fue apagando como todo negocio que deja de ser novedoso y que el ritmo del tiempo lo va orillando. Aquel año fue traspasado a Tomás Díaz Pérez, un agricultor que conocía bien la mecánica de la molienda.

Antiguos cajones con las harinas y piensos

Antiguos cajones con harinas y piensos

Tomás Pérez y sus hijos, actuales propietarios, hicieron resurgir el molino y mantener el equilibrio actual entre modernidad y tradición. Siempre movido gracias a la fuerza de la energía eléctrica, que cuando escaseaba ésta era potenciada por un motor ruso instalado en el patio. Si tenéis la suerte de poder acceder al piso superior comprobareis in situ que un día el tiempo se detuvo allí arriba, y que el polvo silencioso de la Historia fue cubriendo sin hacer ruido la vieja maquinaria, sepultando el ruidoso traqueteo que las poleas hacían o las voces de aquellos anónimos operarios que un día trabajaron allí.

Antiguo cernedor de guijas

Antiguo cernedor de guijas

Como si de un museo se tratase los hermanos Díaz – Camacho conservan toda la maquinaria, como los elevadores de granos, los cernidos de 1ª, 2ª y 3ª clase, la vieja lavadora para granos de madera, la rueda de afilar las herramientas (por ejemplo la de picar los rayones a las piedras) o la espectacular cubierta con vigas y tijeras de madera construida para soportar todas aquellas vibraciones.

La vieja lavadora de madera

La vieja lavadora de madera

Por tanto, estimado lectores, os invito a que paséis a verlo y os sobrecojáis haciendo el experimento mental que muchas veces os animo a realizar: guardad silencio, respirad profundamente y retrotraeros en la historia imaginándonos personajes, indumentaria, olores, ruidos… y ya de paso comprad trigo y cañamones a granel, que San Antón está a la vuelta de la esquina y las tradiciones hay que respetarlas sí o sí.

Legumbre variadas

Legumbres variadas a granel

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El campanario del señor San Blas de Villarrobledo. Albacete – 1994-VIII-06

Hoy subimos al campanario del señor San Blas de Villarrobledo, así como el que no quiere la cosa.

Cuenta la leyenda que fueron unas centenarias encinas las que sirvieron de improvisado campanario cuando los vecinos del Villarejo de San Nicolás se asentaron en lo que hoy es nuestra Plaza Vieja. Nacía así mi natal Villarrobledo… la muy noble y leal. Corría el año 1292.

Mi abuelo Emilio subió a este mismo campanario hace así como unas 86 “semanas santas”. Tuvo que ser en la de 1928, cuando él y su amigo Juanito el Rapao tendrían once años, y se pasaron aquel Viernes Santo o Sábado Santo “de quincena” trasteando por el pueblo. Entre rollos fritos y arroz duz estuvieron en San Blas, allí contaba mi abuelo que estaban todos los pasos procesionales guardados, ellos dos pasando inadvertidos entre los preparativos y el trajín de la gente…  fue como se colaron al patio y de ahí al campanario. Me contaba más anécdotas y “trastadas” que hicieron los dos aquel día, pero quedarán para el anecdotario familiar.

Las vistas desde el “pequeño” campanario eran y son impresionantes… puedes apreciar unas vistas únicas que deleitan al viajero, en parte porque sabes que tus ojos son unos privilegiados y que pocos podrán ver esa misma perspectiva.

Las vistas que mi abuelo vio desde allí arriba distan mucho de las de hoy vemos, principalmente por la desaparición del convento de las Madres Carmelitas en 1974 (no comentaré la brillantez de mis paisanos cuando decidieron derribar este edificio del s.XVI, mi maltrecha piel no me deja polemizar).

 

Desde el campanario con el desaparecido convento al fondo.

Desde el campanario con el desaparecido convento al fondo. Foto Castellanos

Si retomamos la historia local, aquella vecindad de 1292 con Juan Martínez de la Plaza a la cabeza, pronto tuvo que erigir una capilla, que con el paso del tiempo se convertiría en una pequeña iglesia de estilo gótico, de buena factura ella… que ahí está en parte, imperecedera. De aquella conservamos la puerta oeste, la de la Plaza, que durante décadas y más décadas se mal usó como ventana.

Esa parte gótica tenía los días contados, estaba destinada a ser embebida y volver a convertirse en el mismo polvo que un día fuera; hoy les hubiera salido a los constructores un letrero que diría: “desea reemplazar el archivo por este otro”… y hubiesen aceptado. Pero mirad por donde lectores, el caprichoso destino decidió otro futuro para ella y la salvó en el último momento. ¿Cómo lo hizo? Muy senillo mandó a la Parca que cortara el hilo de los ingresos… y sin dinero, no hay San Blas terminado. Y así fue como nos quedamos con una iglesia de planta catedralicia inconclusa pero con una bella puerta gótica al oeste. Otra renacentista al mediodía, obra del afamado Andrés del Vandelvira (la puerta del sol) y otra… bueno la otra es “la de sombra” y punto en boca porque no se puede decir mucho de ella.

 

Patio interior de la inconclusa iglesia de San Blas

Patio interior de la inconclusa iglesia de San Blas

Sin contar la “campanilla” ni la desaparecida “torre del reloj” (tampoco opinaré de sus respectivos derrumbes), San Blas siempre ha tenido un campanario junto a la referida puerta y en justa proporción con ésta. Pequeño, casi de juguete, que correspondía a la antigua iglesia, por eso hoy si el viajero se detiene a contemplarlo y observa bien, apreciará que es casi diminuto en esa mole de piedras centenarias; es más pequeño que el propio tejado: ¿díganme dónde se ha visto tal cosa? Lo normal es ver despuntar de entre la planicie manchega un gallardo campanario que como centinela diese los toques de aviso a la población.

 

Campanario y puerta gótica de San  Blas con la desaparecida Torre del reloj.

Campanario y puerta gótica de San Blas con la desaparecida torre del reloj a la izquierda

El caso es que en 1994 pude subir a él; no es algo común pues su acceso está restringido, pero sea por h o por b, me busqué mis contactos y allí que me fui.

Se accede por medio de un patio perdido (el de la foto anterior): con paredes inconclusas, capillas perdidas, puertas fantasmas, muros tapiados, columnas y nervios a medio construir… Allí es de donde arranca una bella escalera de caracol de ojo.

 

Escalera de caracol de ojo

Escalera de caracol de ojo

Dicen que sólo hay dos de este estilo en toda Castilla-La Mancha. Es circular por su planta, y forma en su centro un hueco curvado por medio de un muro que le sirve de alma y sobre el cual se forman los peldaños. Es decir amigos, que la misma inclinación hace que el pasamanos sean los propios peldaños. Os escribo esto y siento aún el vértigo atroz que tuve en una escalera parecida en la Sagrada Familia en la ciudad Condal, tanto que me hizo bajar y abandonar mi empeño de subir.

El caso es que esta escondida joya villarrobledense te lleva a lo más alto de una terraza, de ahí al campanario por un arco de reutilizadas piedras y viejos ladrillos. Dos campanas aguardan al viajero: San Blas la mayor y creo recordar que Virgen de la Caridad la menor. Éstas fueron volteadas por primera vez en 1946, según reza la inscripción en el yugo de la mayor, y es que las viejas campanas fueron desmontadas en la pasada guerra para ser arrojadas a un montón de arena colocado exproceso en la plaza. Desde aquel día, no recuerdo la fecha exacta ahora pero sé que en alguno de mis muchos papeles desordenados estará anotada, nunca más se supo de la suerte que éstas corrieron: la Blasa y la Nicolasa… en homenaje a esos dos santos obispos tan vinculados a la localidad.

Campana mayor: San Blas

Campana mayor: San Blas

 

Campana menor

Campana menor

El último avatar que sufrió la torre fue colocar en su muro la “cruz de los caídos”, pero claro… sólo de los caídos de un bando, el franquista, algo normal en los años cuarenta en todo el territorio español. Pero fíjense ustedes, por los años sesenta llegó un cardenal a Villarrobledo y dijo algo muy reconciliador: que la iglesia no tenía que decantarse por un bando, que hijos de Dios eran de los dos bandos, perdón y paz… y que esos azulejos con el nombre de los “caídos de Dios y de España” ya estaba sobrando en favor de la reconciliación. Y rápidamente se quitaron, quedando hasta nuestros días la marca en el anciano campanario.

La Cruz de los Caídos en el campanario. Foto Castellanos

La Cruz de los Caídos en el campanario. Foto Castellanos

Las fotos en color, queridos amigos, no son mías como podéis comprobar, se la debo a mi paisano Eduardo Moreno. Desde aquí, gracias.

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Los “bombos” de Villarrobledo se pasean por Madrid. 2013-XI-16

Hoy un paseo por el campo manchego (bueno… y por Madrid).

 La Mancha es tierra de tierra

con noches de mar sin mar;

con aurora sin orilla,

con playas de sol y cal;

toda costa y toda cielo,

casi para navegar.

(Juan Torres Grueso)

Este noviembre presentaba el libro Bombos y chozos de la Mancha en Madrid, cuyo capítulo titulado “Bombos de Villarrobledo” está escrito por el que suscribe éstas líneas, o séase “mua”. Consta de 152 páginas de limpia y apretada prosa, donde historiadores, antropologos, arquitectos, aficionados y curiosos en general podrán disfrutar de estas construcciones hechas en piedra seca.

El libro de marras

El libro de marras

Empezaré diciendo qué es un “bombo” dentro de la terminología villarrobledense, pues me imagino que muchos de vosotros, amigos lectores de este blog, no sabréis de qué os hablo, vamos… ni pajolera  idea. Se trata de construcciones vernáculas, es decir autóctonas de una zona, en este caso La Mancha.

Los “bombos” son edificaciones “abombadas”, válgame la redundancia y perdóneme los filólogos.  Piedra sobre piedra, sin argamasa alguna que haga de nexo de unión y agarre entre ellas, van creando en falsa cúpula hasta crear un refugio temporal; con un único vano al sur que hace las funciones de puerta. Para que me entandáis queridos lectores no criados en la mancha, se trata de un “iglú” de piedra que hacían los campesinos para refugiarse de las inclemencias del tiempo básicamente.

Un bombo villarrobledense

Un bombo villarrobledense

En Tomelloso (Ciudad-Real) también son llamados así, pero la tipología constructiva es muy diferente. A la hora de estudiar estas construcciones hay mucha bibliografía y muy variada, ¡ea! que hay mucho friki suelto que le da por escribir sobre los bombos.

Bombos, chozos, cubos, cubillos, cucos… ¡será por nombres! Sí queridos manchegos del llano albaceteño, esas miles o “dosmiles” de cervezas que os habéis tomado en el pub el Cuco en la calle Concepción, lo habéis hecho en pub que tanto fachada como interior imita con sus piedras estas construcciones. ¡Años ha! desde que se inauguró y os enteráis ahora…

El Cuco, pub albaceteño que imita estas construcciones

El Cuco, pub albaceteño que imita estas construcciones

Mi primer trabajo y censo de los mismos fue en 2001. La segunda revisión es de 2013. Y ahora espero una entrada en el blog de mi amiga Eva (ejem, ejem).

Un pequeño bombo

Un pequeño bombo

Mi capítulo dentro del libro está centrado  en una parte del término municipal de Villarrobledo, concretamente en la colada llamada camino Viejo de San Clemente, que discurre de forma paralela a la carretera que une ambas localidades.

Si partimos desde la localidad en dirección noroeste podemos contar con más de una veintena de estas construcciones. Algunas maltrechas por el paso del tiempo, donde la huellas de la vejez se dejan ver. Otras, las menos, están cercadas, remendadas con cemento, enjalbegadas… e incluso con puertas actuales, privatizando un patrimonio rural que nació como público, cuyo fin solidario era acoger al que lo necesitase. Manos anónimas que trabajaron un día bajo el lema de “haz el bien y no mires a quien”, e incluso… “no mires el tiempo”, pues se hicieron prácticamente a perpetuidad, sin cobrar y sin esperar recompensa alguna. Cada vez que los miro,  veo el altruismo, la generosidad y la hospitalidad manchega reflejada en ellos.

Los afamados bombos geminados de Villarrobledo

Los afamados bombos geminados de Villarrobledo

Muchos otos se conservan tal cual un día nacieron, visitadles si tenéis oportunidad de hacer la ruta a modo de senderismo, mejor a pie o a bici. Os dejo señalada en este mapa, fruto del artista Johann Andreu, qué gustosamente acepta encargos de ilustraciones y diseños.

MAPAEl libro editado por Aache tiene varios capítulos, todos cada uno de ellos dedicado a un lugar concreto de la Mancha: Socuéllamos por Fco. Javier Escudero, Tébar y Pedro Muñoz por Isabel Sánchez Duque, Campo de Criptana por Vicente Aparicio, Tomelloso por Juan Luis Segura y Villarrobledo por Luis E. Moreno, of course que decimos los ingleses. Os invito encarecidamente a que lo compréis, y no os preocupéis que yo os lo dedico “con mucho gusto” que diría mi antiguo profesor Pedro baño, estampando la bonita rubrica de notario que gasto, yo… que me creía Grande de España o algo similar cuando era pequeño. Bueno… lo podéis leer sin comprar en alguna biblioteca municipal.

Un momento de la presentación del libro en Madrid. 2013

Un momento de la presentación del libro en Madrid. Casa de Castilla-la Mancha, 2013

Firmando un ejemplar

Firmando un ejemplar

Sirvan todos esfuerzos para el estudio, fomento y conservación de un patrimonio manchego casi olvidado y durante décadas menospreciado.

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