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Restos de una pasada guerra en Torrellano – Alicante. 2014-III-19

La entrada de hoy va para todos aquellos apasionados por la historia de España, y en concreto de la Guerra Civil. Viajamos a Torrellano, vecina ciudad de Alicante, y pedanía de Elche.

¡¡Ojo que la “pedanía” cuenta con 7.173 almas en sus calles!!  Pero es cierto que ésta no destaca por tener grande monumentos o una larga historia llena de batallitas y hechos insólitos. Nada que ver… por eso ayer caí de mi caballo cual Saulo de Tarso cuando, boquiabierto, quedé admirado por mi descubrimiento. Bueno… del caballo no, peor sí de la bicicleta.

Nuestro viaje de hoy lo haremos en bici, y así inauguro una nueva sección para ciclos, aunque bien se puede hacer como ruta de senderismo… o coche claro está.

El recorrido que os propongo lo hice el día 19, fue hasta Elche pero hoy tan sólo llegaremos a Torrellano que son unos 10 Km. aproximádamente por el llamado “camino viejo”. Se parte desde el CC Puerta de Alicante y seguimos la Vía Parque (A-79):  doble carril, arcén ancho, vía de servicio  y lo más importante, carril bici. Transitado por biciclistas, caminantes, corredores y domingueros que tienen por allí sus fincas, así que tranquilos, no estaréis solos.

En el margen izquierdo a la altura del IFA (Institución ferial alicantina), junto a la carretera, hay una pequeña mole de hormigón… que a poco que uno tenga educada la vista descubrirá por las visibles troneras y el paraje en el que se enclava que se trata de una fortificación de la pasada guerra civil (1936-1939). En concreto de un nido de ametralladora  (un búunker para la artillería) en perfectas condiciones que se alza impasible sin inmutarse por el paso del tiempo… de ahí mi grata sorpresa.

Búnker del tipo "artillero". Instalación para proteger y custodiar cañones, ametralladoras y municiones en la defensa activa de una zona.

Búnker del tipo “artillero”. Instalación para proteger y custodiar cañones, ametralladoras y municiones en la defensa activa de una zona.

Tardé “cero coma” en echar pie a tierra y desmontar de mi cabalgadura. Me acerqué, lo exploré, lo toqué y lo fotografié (pensando en vosotros queridos lectores y en mis amigos de Trowel School Archaeoholidays).

Aspillera del nido.

Aspillera del nido.

Se trata de una construcción sólida de hormigón armado que tiene forma de ocho. En la cara principal que mira a poniente (dirección Torrellano), se cuentan tres grandes aspilleras horizontales para acoplar las ametralladoras; éstas tuvieron que estar tapiadas hasta hace poco, de hecho alguna aún se conserva así. Nada en la cara trasera, tan sólo un pequeño agujero fruto del vandalismo y la poca consciencia de la gente… como las pintadas que sufre todo su entorno. Ahora bien… ¿por donde se accede al interior? Pues queridos lectores míos… lo tendrá que descubrir Iker Jiménez en Cuarto Milenio, porque yo me rendí después de marearme dando vueltas sin ver nada, ni tapiado ni sin tapiar.

Nido de ametralladora en el Portichuelo (Torrellano)

Nido de ametralladora en el Portichuelo (Torrellano)

Si uno levanta la vista y mira el horizonte levantino comprende rápidamente su posición estratégica. Se sitúa en el paraje del Portichuelo, una especie de pequeño “puerto de montaña” cuyas vistas privilegiadas controlan perfectamente un vasto territorio que daría acceso a la vieja carretera de Alicante.

Centinela que controla el valle

Centinela que controla el valle… y al fondo: Torrellano

Las tropas leales a la República, en su afán de proteger la ciudad de Alicante por la importancia de ésta gracias a su puerto, ordenó a sus zapadores que fortificasen los lugares más estratégicos. Éste es un ejemplo de los muchos que aún se conservan (y que espero contaros).

E MAPA de hoy

EL MAPA de hoy

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Categorías: 2014 - Viajes del año, Rutas en bicicleta, Torrellano | Etiquetas: , , | 1 comentario

Por tierras de Aragón: Olba – Teruel. 2013-VIII-07

“Mientras descansas, machacas las granzas”, me decía mi abuelo en aquellos veranos de mi juventud, cuando me veía trabajar en mis horas de descanso. Trabajar en mis trapicheos, claro está.

Pues así sigo, queridos lectores. Estoy en mi retiro estival y he intentado no perder ni un solo día sin acercarme al pueblo y seguir con alguno de mis frentes abiertos: que sí Guerra Civil, que si árbol genealógico, que si el capítulo encargado por las clarisas, que si bombos de piedra, que si esparto… esto es un “vivo sin vivir en mí” que decía la Santa .

El caso es que como siempre, verano tras verano, sigo haciendo mis visitas a mis amigos octogenarios, los que tantas “pistas” y datos me han dado siempre para mis investigaciones. Los que no seais investigadores no sé si habréis experimentado alguna vez ese “subidón” de encontrar una foto de un tatarabuelo o el DNI perdido de un bisabuelo… pero ríanse ustedes de las drogas de diseño.

Una de mis últimas investigaciones, que llevo rumiando y corrigiendo estos últimos años, versa sobre el itinerario y anecdotario de mi abuelo Emilio en la Guerra Civil… Sí, sí, las típicas “batallitas” que el abuelo cuenta y que en la mayoría de los casos caen el olvido… pues aquí he intentado rescatarlas. Y además este verano he aumentado, pues he dado con compañeros que estuvieron con él, bueno entendedme: hijos y nietos, que gente centenaria ya escasea por estas latitudes manchegas.

El caso es que hace unos meses, gracias a una antigua compañera de la carrera, Silvia Pidal, me enteré de que en Olba, pueblo de Teruel por el anduvo mi abuelo en la primavera de 1938, había un curso de Arqueología de la Guerra Civil. Como os podéis imaginar empecé a salivar, sí llamadme friki. Y allí que me fui, a Olba.

Arqueólogos de la Guerra Civil en plena faena

“Arqueólogos de la Guerra Civil” en plena faena

El curso, perfectamente estructurado, constaba de dos partes: como trabajo de campo excavar una trinchera republicana, de las que posiblemente mi abuelo hiciera para salvaguardar la zona e impedir el avance de las tropas franquistas hacia Valencia. No os lo he dicho, pero mi abuelo se tiró toda la guerra con un pico y una pala haciendo trincheras y colocando alambrada (lo que viene siendo un zapador del ejercito).

La trinchera de Olba

La trinchera de Olba

La trinchera, después de un “tortuoso” camino ascendente, sorprende al verla. Se alza sobre el valle del río Mijares con una vista privilegiada entre pinos, que sustituyeron a los viñedos de la época. Perfectamente excavada, cuidada, limpia y reconstruida llama la atención. Sobrecoge el pensar lo que supuso (o supone) una guerra.

Detalle de la trinchera reconstruida con el puesto de un tirador

Detalle de la trinchera reconstruida con el puesto de un tirador

Por la tarde el curso continuaba con charlas específicas: historia de la Guerra, antropología forense, armamento, memoria oral… y si sobraba tiempo clases particulares de AutoCad o “matrices de Harris” por doquier… vamos que a los alumnos si se les puede aplicar el refrán: “Mientras descansas, machaca las granzas”.

Y allí entro yo en juego. Me permitieron presentar el trabajo de “historia de vida” que tengo sobre mi abuelo y la guerra… el planteamiento, el método, la tradición oral, la finalidad…

Presentando las memorias de mi abuelo

Presentando las memorias de mi abuelo Emilio

Sirva mi pequeño “blog viajero” para felicitar al equipo de Towel School Archaeoholidays por su trabajo y la oportunidad brindada.

Con los cursillistas

Con los cursillistas

Olba, por si algún día vais, os gustará… bueno, siempre y cuando busquéis paz, tranquilidad, clima fresco y poca cobertura en el móvil. Es un pueblo pequeño, con la iglesia y el Ayuntamiento en el centro… a la vieja usanza. Embebido en un valle verde, repleto de una pinada joven que llama al paseo; y con un río, el Mijares, que llama al baño.

Sus calles...

Sus calles…

Entre sus curiosidades históricas figura la creación de la primera fábrica de papel timbrado, en tiempos de Fernando VII, aprovechando la fuerza motriz del río Mijares en el paraje situado en la propia Olba y el caserío de Los Ibáñez. Fue fundada por don Francisco de Tadeo Calomarde (Villel 1773- Toulouse 1842), carlista que huyó de las intrigas palaciegas que acabaron con su vida.

Su tranquilidad...

Su tranquilidad…

Para visitar hay varias cosas: el puente que mandó construir Carlos IV sobre el río, reconstruido tras la guerra pues fue parcialmente volado por los zapadores-minadores en su retirada.

Olba y el puente de Carlos IV en primer plano; al fondo la parte volada.

Olba y el puente de Carlos IV en primer plano; al fondo la parte nueva tras la voladura.

La iglesia del s. XVII dedicada a Santa Catalina. En su interior, lugar donde se conserva el mausoleo del referido Francisco Tadeo, Primer Secretario de Estado en 1832 y ministro de Gracia y Justicia que fuera de Fernando VII entre 1823 y 1833; ya que a pesar de nacer en Villel donó unas escuelas a esta población y siempre estuvo vinculado al municipio. Al exterior cabe destacar su cuidada portada neoclásica y su torre de dos cuerpos.

Iglesia parroquial

Iglesia parroquial

La Casa Consistorial, lugar cedido para las charlas de este curso, es una edificación del siglo XVII que responde a modelos eminentemente populares. Destaca su fachada de enfoscado blanco y su bonita lonja en la planta baja.

Para dormir… el albergue, situado en el antiguo molino harinero de la población, que data del 1630. Aún se pueden apreciar los desvíos del río para generar la fuerza necesaria para la molienda. Y para beber cervezas, el bar de la localidad, donde todos los cursillistas se daban cita a la anochecida.

Un lavadero público en la calle

Un lavadero público en la calle

Os debo confesar que viví otra vez en mi cuerpo ese ambiente de joven arqueólogo, que desde mis tiempos de estudiante no había vuelto a experimentar. Y mirad que hace años que me “corté la coleta” cual torero.

Olba, después de visitarlo, ocupa un alto número en mi top-10 de pueblos turolenses para jubilarme. Para descansar… os lo recomiendo encarecidamente.

Categorías: 2013 - Viajes del año, Olba | Etiquetas: , , , | 4 comentarios

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