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Francisco Sevillano Colom, archivero mayor del reino. Oropesa del Mar (Castellón) – 2016-X-14

Os escribo desde mi pequeña y natal Olba (Teruel); me queda muy poco para regresar a la urbe y continuar con la voracidad de nos marca esta sociedad “Nespresso” en la que vivimos. He decidido dedicaros unos minutos,   aprovechando este rato de tranquilidad que me brinda mi café matutino y la sierra de Gúdar que guarda el río Mijares frente a mí.

Oropesa (Castellón) me ha sorprendido. Me he acercado a ella desde la cautela del no saber. Esperaba encontrar un “Benidorm castellonense” lleno de turistas y monumentales edificaciones de apartamentos, pero no amigos, me he encontrado con un pequeña pueblo con aires mediterráneos.

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Calle de Oropesa del Mar

Mi último viaje me ha llevado a ver varias ciudades, cada una por un motivo en particular, siendo tal vez Oropesa del Mar el motivo más familiar, amigable, desconocido, histórico y por qué no… más vinculado a mi Villarrobledo natal.

He de decir que solo visité su casco antiguo… como toda ciudad de costa tendrá sus barrios dedicados al turismo y a la especulación, pero el centro de la ciudad es una maravilla (al menos en octubre), lleno de casitas bajas, con sus habitantes autóctonos que no dudan en ayudar al viajero perdido.

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Muralla del s. XVII, de trazado recto con baluartes en las esquinas. En el trozo de lienzo de la foto se instaló la prisión en aquellas fechas

El casco de Oropesa se sitúa sobre una colina, no muy cercana a la playa. A medida que subes por sus empinadas calles de casas blancas, cuidadas y repletas de buganvillas en flor, te retrotraes a otras épocas de estrechas callejuelas  medievales… y no es de extrañar porque debes atravesar los lienzos de su antigua muralla perfectamente conservados para llegar al cenit: la iglesia capilla de la Virgen de la Paciencia, construida en 1589 por mandato de la Señora de Oropesa a través de la Carta Puebla.

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Iglesia de Oropesa

Al estar intramuros fue hospedaje para los primeros repobladores cristianos, y lugar de culto para la Virgen del Rosario. La talla recibe el actual y curioso nombre porque en 1619 se produjo en Oropesa una razia de piratas que saquearon a la población, por lo que la imagen se llevó al convento de carmelitas de Valencia para su salvaguarda. Allí fue restaurada pacientemente por las monjas… tan pacientemente que se mereció el sobrenombre. La talla fue devuelta a Oropesa casi 400 años después.

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Interior de la iglesia. Destaca la azulejería del s. XVIII procedente de Alcora

La nota curiosa, y una de las razones de mi visita, es la relación de Villarrobledo con Oropesa, vinculadas por la figura de Francisco Sevillano Colom (hijo, nieto, biznieto y un largo etcétera de villarrobledenses por vía paterna).

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Francisco Sevillano Colom (1909-1976)

Soy amigo del hijo de éste, también Francisco Sevillano, con el que arreglo y desarreglo el mundo en lo que dura un café. También somos parientes, y así nos tratamos, ya que el abuelo de mi bisabuelo era hermano de su bisabuelo ¡¡toma ya!! (de ahí las dos generaciones que nos llevamos y el segundo apellido de mi padre en común). Siempre me ha fascinado su vida viajada y leída, llena de anécdotas que te dejan la boca abierta… como la de su padre, que ostenta la nomenclatura de una calle en el centro de Oropesa, así como el darle nombre al centro de jubilados. Y no es para menos, queridos lectores, el curriculum de Francisco Sevillano Colom es amplio, dedicado a la cultura y a la investigación.

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Su padre fue Juan Sevillano, abuelo paterno de mi amigo, pastor al servicio de los Giménez de Córdoba en Villarrobledo hasta que se fue al Servicio Militar. Allí despuntó por su valía intelectual, y pudo estudiar hasta ingresar en el Cuerpo de Carabineros; cuerpo armado creado en 1829 dedicado a la vigilancia de puertos y fronteras (en 1940 sería absorbido por la Guardia Civil, hecho que Juan no conocería porque murió en 1937 en Tarragona). En este periplo se casaría con la valenciana Francisca Colom.

Estaba destinado en Oropesa en 1909, como ciudad de costa que es, cuando el 5 de septiembre nació su hijo Francisco Sevillano, oropesino pero muy vinculado a Villarrobledo como os podéis imaginar queridos lectores.

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Hogar del Jubilado: Francisco Sevillano

Con el tiempo se licenció en Filosofía y Letras (ser medievalista será su pasión), y entro a formar parte del Cuerpo de Archiveros, bibliotecarios y arqueólogos. Escribió numerosas publicaciones (unas cuarenta obras) entre ellas la historia de su ciudad natal, de ahí el tributo que Oropesa le rinde.

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La Historia de Oropesa publicada en 1953 por Francisco y dedicada a sus padres, el villarrobledense Juan Sevillano y la valenciana Francisca

Fue el secretario (aquí sí que puedo utilizar perfectamente la manida frase de “archivero mayor del reino” y quitársela por un rato a mi estimado profesor y compañero Fernández Cabello) en el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona). Leerá su tesis doctoral en 1946: “Valencia urbana medieval a través del oficio de mustaçaf“. Años después estará al servicio de la UNESCO como jefe de la unidad móvil de microfilmación por América del Sur y países árabes de África (1959-1965), y es que Sevillano era un auténtico políglota: además de castellano y valenciano/catalán, hablaba inglés y francés perfectamente, defendiéndose en italiano y traducía a la perfección textos del latín, griego y árabe clásico.  Una vez que regresase definitivamente de su exílio (y posterior depuración como buen intelectual que era), pasó a dirigir el Archivo del Reino de Mallorca (1966-1976), . También dio clases en la universidad con la asignatura de paleografía por sus grandes conocimientos en este terreno. A més a més, que dicen los valencianos, participó en numerosos congresos nacionales e internacionales.  Finalmente  formará parte del equipo del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Barcelona; ciudad donde le sorprenderá la muerte con 66 años, el 17 de febrero de 1976, siendo enterrado en el cementerio de Collserola.

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Antiguo cine de Oropesa entre las calles Estación y Fco. Sevillano

Mi amigo Francisco, en la “última curva del camino” parafraseando a Baroja, decidió regresar a Villarrobledo, como hijo adoptivo a fin de cuentas y oriundo de allí, para esperar el Nirvana. Una gozada para quienes lo conocemos y podemos compartir charlas con él. Hace años viajó junto a Leopoldo Sevillano, también pariente y amigo nuestro a Oropesa para ver la calle de su padre; en el día del cumpleaños de Leopoldo (que ya nos falta), decidí hacer yo este viaje y así unirme con ellos en algún plano, aunque sea el mental. Namasté.

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Detalle de la arquitectura contemporánea de Oropesa. 1927

 

Para saber más:

Francesc Sevillano Colom

Francisco Sevillano Colom (1909-1976)

Categorías: 2016 - Viajes del año, Oropesa del Mar, Villarrobledo | Etiquetas: , , | 4 comentarios

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