Teruel

Por tierras de Aragón (II PARTE): Olba – Teruel. 2014-VII-26

¡Buenos días queridos transeúntes! Con el fallecimiento del diseñador Pertegaz, olbense de nacimiento y figura reconocida en todo el mundo… más allá de las fronteras turolenses, no tengo excusa para seguir demorándome con esta entrada.

Retomo mi actividad viajera y literaria ahora que el tiempo me es propicio y juega a mi favor. Nos teletransportamos a Olba, para repetir tal y como hicimos el año pasado por estas fechas.

Todas las calles de Olba tienen encanto

Todas las calles de Olba tienen encanto

En la provincia de Teruel, sigue siendo un sitio lleno de encanto año tras año… en un valle verde, lleno de pinos, junto al río Mijares. Calles estrechas de casas centenarias: unas enjalbegadas, otras de piedras centenarias que cuentan historias a los turista que buscan la calma fuera de la urbe. Como canta Vetusta Morla: “enterramos los relojes, funeral por el despertador”, Olba es sin duda el lugar perfecto para ello. Vamos amigos, que es uno de mis pueblos predilectos para cumplir el sueño de mi jubilación.

El río Mijares a su paso por Olba

El río Mijares a su paso por Olba

Repetí en Olba invitado una vez más por los amigos Trowel School Archaeoholidays. Arqueólogos que excavan, reconstruyen y ponen en valor una de las trincheras de la pasada Guerra Civil (1936-1939). En concreto se trata de la Trinchera de la Ermita, ya que se sitúan junto a la de San Pedro, que bien merece una visita rápida para ver esta construcción local, cuyo rústico artesonado es una joya del arte popular turolense digna de admirar.

Trincheras de la Guerra Civil, al fondo Olba

Trincheras de la Guerra Civil, al fondo Olba

Me propusieron dar una pequeña charla en día de “puertas abiertas”, cuyo contenido ya conoceis mucho: las peripecias de mi joven abuelo al paso por Olba en la primavera de 1938. Como zapador que fue, seguramente hizo esa u otra trinchera de las que allí se encuentran; pero lo que sí es seguro, pues así me lo relataba, fue la pista de abastecimiento-retirada que hizo junto al resto de su compañía. Una pista que sale por el barrio de los Moyas hacia Castellón. Esa pista evitaría a la postre una bolsa que el ejercito franquista estaba intentado hacer en la zona y así atrapar a las tropas leales al legítimo gobierno de la II República.

Charla sobre las peripecias de mi abuelo durante la guerra en el frente de Teruel

Charla sobre las peripecias de mi abuelo durante la guerra en el frente de Teruel

Olba es un remanso de tranquilidad. Perfecta para el turismo de descanso. Como municipio no podemos decir que es muy monumental: su casco urbano digno de recorrer y perderse por las callejuelas, la iglesia parroquial que despunta en este tipo de pequeñas poblaciones, el Ayuntamiento y el puente que se construyó en tiempos de… creo que de Mari Castaña… vamos de Carlos IV para los entendidos (pero con mucha historia que contaremos en agosto del 2015, palabrita).

Iglesia parroquial

Iglesia parroquial

Hoy nos centraremos en su iglesia, no por nada, pero este año coincidió que era domingo y estaba abierta… y allí que me colé. Ya os advierto queridos viajeros que es difícil su acceso si no es por que se celebra misa, aunque supongo que algún lugareño hará las funciones de sacristán y tendrá las llaves. Otra cosa es que os la abra, porque si es el que yo pienso… olvidaros, que muy simpático no es. Así que como si de un expediente X se tratase, os muestro fotos casi inéditas de su interior por ser lo más novedoso que este año he visto allí.
Os pongo en situación: El cura joven que me ve hacer fotos allí dentro me saluda, me enciende las luces sin decirle yo nada y al rato me dice: suba usted al coro por esas escaleras que podrá hacer fotos panorámicas muy chulas. Pues Luisito allí que va… pero a la que bajo… ¡¡ZAS!! me ve este “sacristán” que os digo, octogenario vecino de Olba, y me espeta al ver mi cámara colgada del cuello cual japonés: ¡¡ FOTOS NO!!… y pensé: “¡pues hijo, ni que te fuera a robar el alma” Ay señores… por propia experiencia (y esto es un reflejo más), es más difícil lidiar con los papistas que con el propio Papa.

Desde el coro

Desde el coro

Se construyó en honor a Santa Catalina en el s. XVII (hacia 1650 se terminó), por tanto podemos decir que es una parroquia propia del barroco inicial español, sin gran pompa en cuanto a ostentación y abigarramiento se refiere… pero recordemos que estamos en una pequeña población y las rentas de la época no serían gran cosa.

Detalle del coro

Detalle del coro

El exterior es sencillo, de mampostería, con dos puertas: la lateral muy sobria y que sería en origen la secundaría pero que hoy hace las funciones de principal; la otra con decoración más renacentista está a los pies de la iglesia, pero con una curiosidad arquitectónica, no está centrada con el altar, sino en consonancia con una de las naves laterales. Sobre ésta, en la hornacina, hay un pequeño San Pedro que a bien seguro es un añadido posterior aunque imite la piedra original.

Tiene una curiosidad: un “Doncel” encajado como un sillar más. Una lápida gótica descontextualizada, del s. XIII, que mi amigo el arqueólogo Miguel Mezquida y su compañera Irene Monllor puplicaron en la revista La Linde:

“Al parecer, el “Doncel” está descontextualizado al encontrarse formando parte de la base de un muro externo de la Iglesia parroquial de Santa Catalina de Olba, Teruel. Este muro se ubica paralelo al muro posterior del Multiservicio rural “El Mijares”, formando un estrecho callejón sin salida, de apenas un metro de ancho; a tan sólo unos metros del antiguo cementerio de la iglesia (hoy en su mayoría desaparecido), como hemos podido confirmar tras la identificación de restos óseos humanos en la tierra que rellena las jardineras del patio interior del Multiservicio, por el cual se accede al callejón.
El lugar exacto de procedencia es desconocido, aunque posiblemente, aquello que pudo ser la tapa de un sepulcro, seguramente estuvo ubicada en la zona funeraria a la que antes hacíamos referencia. Aunque cabe la posibilidad que fuese trasladada hasta su ubicación actual proveniente del próximo castillo de Olba . De cualquiera de las formas, sí que resulta evidente que fue reutilizada como elemento constructivo durante las obras del templo parroquial barroco entre los siglos XVII-XVIII.”

Doncel de Olba. Foto y artículo de investigación de Irene

Doncel de Olba (iglesia parroquial). Foto y artículo de investigación en la revista La Linde  por Irene Monllor y Miguel Mezquida

 

Destaca los dos cuerpos de mampostería de la torre-campanario. El primero macizo y de gran altura, separados por imposta, la portada neoclásica tiene un orden de pilastras estriadas, con entablamento clásico de triglifos y metopas, enmarcado por arco de medio punto, cuerpo superior con hornacina entre pilastrillas, rematado con frontón partido.

El interior de tres naves, con mayor altura la central, tiene la planta clásica de las iglesias jesuíticas que tan de moda se pusieron en aquellas fechas. Sobrecoge el interior… la humedad, el tiempo y la falta de dinero han arrancado las pinturas murales de 1874 (y en el peor de los casos sustituidas por unos “repintes” añadidos que tanto gustan de hacer en estas poblaciones, os remito a mi entrada de Borja y su Eccehomo).

Capillas laterales... como volver la vista medio siglo atrás

Capillas laterales… como volver la vista medio siglo atrás

Pisar el interior, ver esas tallas casi “desangeladas”… esas bombillas amarillas, nada de leds o luces ambientales, rodeando al santo de turno al más puro estilo de los años cuarenta que llama la atención, propio de un escenario de película de postguerra.

Detalle

Detalle

Hay varios altares del XIX, neoclásicos, a destacar… el púlpito… así como un par de tallas pequeñas de madera policromada. Tres santos presiden el altar mayor: Santa Catalina al centro, San Roque y San Antón, que desde el medievo está muy afincada la tradición popular con la religión (y sobre todo en estas tierras de la Corona de Aragón). En Olba, como en tantos sitios, la víspera enciende una gran “luminaria” en la plaza.

Altar mayor dedicado a Sta. Catalina

Altar mayor dedicado a Sta. Catalina. Se puede ver la fecha de la última reforma: 1874

Pero si hay algo que destacar dentro de la iglesia es la tumba de Francisco Tadeo Calomarde de Retascón y Arriá, nacido en Villel en 1773 y muerto en Toulouse en 1842. Se trata de una sepultura neoclásica situada en el lado de la epístola, presidiendo la nave lateral. Tiene una gran placa biográfica, con una cabeza y escudo mutilados en la pasada guerra.

Sepultura de Francisco Tadeo Calomarde. Foto actual y de antes de la guerra.

Sepultura de Francisco Tadeo Calomarde. Foto actual y de antes de la guerra.

Copiando la wiki para no enrollarme os digo quién es este hombre: fue un político español, ennoblecido como duque de Santa Isabel en Dos Sicilias. Ocupó el ministerio de Gracia y Justicia (1823-1833) durante la restauración absolutista de Fernando VII, y promulgó un célebre Plan General de Estudios. Fue Académico de Honor de la zaragozana Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, desde el 26 de abril de 1828. Recibió el Toisón de Oro (1829), la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (1809) y la Legión de Honor.

Lápida

Lápida

Pérez Galdós escribió de él: “La humildad de su origen se traslucía bastante”.

Vinculado a Olba en uno de sus destierros de la Corte, quedó enamorado de esta localidad y dejo dicho que a su muerte fuera allí enterrado. Durante aquella estancia volvió a poner en marcha el molino árabe (para entonces en estado ruinoso), construyó una fabrica de papel vinculada al río e impulso varios proyectos.

A su muerte en 1842 en Francia, donde tuvo que huir este personaje controvertido, dejó su herencia a la Iglesia de Olba con la que se construyeron entre otras cosas las escuelas, un hospital de peregrinos y el azud de la acequia del molino. En 1853 llegarían sus restos mortales para descansar en la nostálgica iglesia de Olba.

Olba y sus centenarias casa

Olba y sus centenarias casa

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Por tierras de Aragón: Olba – Teruel. 2013-VIII-07

“Mientras descansas, machacas las granzas”, me decía mi abuelo en aquellos veranos de mi juventud, cuando me veía trabajar en mis horas de descanso. Trabajar en mis trapicheos, claro está.

Pues así sigo, queridos lectores. Estoy en mi retiro estival y he intentado no perder ni un solo día sin acercarme al pueblo y seguir con alguno de mis frentes abiertos: que sí Guerra Civil, que si árbol genealógico, que si el capítulo encargado por las clarisas, que si bombos de piedra, que si esparto… esto es un “vivo sin vivir en mí” que decía la Santa .

El caso es que como siempre, verano tras verano, sigo haciendo mis visitas a mis amigos octogenarios, los que tantas “pistas” y datos me han dado siempre para mis investigaciones. Los que no seais investigadores no sé si habréis experimentado alguna vez ese “subidón” de encontrar una foto de un tatarabuelo o el DNI perdido de un bisabuelo… pero ríanse ustedes de las drogas de diseño.

Una de mis últimas investigaciones, que llevo rumiando y corrigiendo estos últimos años, versa sobre el itinerario y anecdotario de mi abuelo Emilio en la Guerra Civil… Sí, sí, las típicas “batallitas” que el abuelo cuenta y que en la mayoría de los casos caen el olvido… pues aquí he intentado rescatarlas. Y además este verano he aumentado, pues he dado con compañeros que estuvieron con él, bueno entendedme: hijos y nietos, que gente centenaria ya escasea por estas latitudes manchegas.

El caso es que hace unos meses, gracias a una antigua compañera de la carrera, Silvia Pidal, me enteré de que en Olba, pueblo de Teruel por el anduvo mi abuelo en la primavera de 1938, había un curso de Arqueología de la Guerra Civil. Como os podéis imaginar empecé a salivar, sí llamadme friki. Y allí que me fui, a Olba.

Arqueólogos de la Guerra Civil en plena faena

“Arqueólogos de la Guerra Civil” en plena faena

El curso, perfectamente estructurado, constaba de dos partes: como trabajo de campo excavar una trinchera republicana, de las que posiblemente mi abuelo hiciera para salvaguardar la zona e impedir el avance de las tropas franquistas hacia Valencia. No os lo he dicho, pero mi abuelo se tiró toda la guerra con un pico y una pala haciendo trincheras y colocando alambrada (lo que viene siendo un zapador del ejercito).

La trinchera de Olba

La trinchera de Olba

La trinchera, después de un “tortuoso” camino ascendente, sorprende al verla. Se alza sobre el valle del río Mijares con una vista privilegiada entre pinos, que sustituyeron a los viñedos de la época. Perfectamente excavada, cuidada, limpia y reconstruida llama la atención. Sobrecoge el pensar lo que supuso (o supone) una guerra.

Detalle de la trinchera reconstruida con el puesto de un tirador

Detalle de la trinchera reconstruida con el puesto de un tirador

Por la tarde el curso continuaba con charlas específicas: historia de la Guerra, antropología forense, armamento, memoria oral… y si sobraba tiempo clases particulares de AutoCad o “matrices de Harris” por doquier… vamos que a los alumnos si se les puede aplicar el refrán: “Mientras descansas, machaca las granzas”.

Y allí entro yo en juego. Me permitieron presentar el trabajo de “historia de vida” que tengo sobre mi abuelo y la guerra… el planteamiento, el método, la tradición oral, la finalidad…

Presentando las memorias de mi abuelo

Presentando las memorias de mi abuelo Emilio

Sirva mi pequeño “blog viajero” para felicitar al equipo de Towel School Archaeoholidays por su trabajo y la oportunidad brindada.

Con los cursillistas

Con los cursillistas

Olba, por si algún día vais, os gustará… bueno, siempre y cuando busquéis paz, tranquilidad, clima fresco y poca cobertura en el móvil. Es un pueblo pequeño, con la iglesia y el Ayuntamiento en el centro… a la vieja usanza. Embebido en un valle verde, repleto de una pinada joven que llama al paseo; y con un río, el Mijares, que llama al baño.

Sus calles...

Sus calles…

Entre sus curiosidades históricas figura la creación de la primera fábrica de papel timbrado, en tiempos de Fernando VII, aprovechando la fuerza motriz del río Mijares en el paraje situado en la propia Olba y el caserío de Los Ibáñez. Fue fundada por don Francisco de Tadeo Calomarde (Villel 1773- Toulouse 1842), carlista que huyó de las intrigas palaciegas que acabaron con su vida.

Su tranquilidad...

Su tranquilidad…

Para visitar hay varias cosas: el puente que mandó construir Carlos IV sobre el río, reconstruido tras la guerra pues fue parcialmente volado por los zapadores-minadores en su retirada.

Olba y el puente de Carlos IV en primer plano; al fondo la parte volada.

Olba y el puente de Carlos IV en primer plano; al fondo la parte nueva tras la voladura.

La iglesia del s. XVII dedicada a Santa Catalina. En su interior, lugar donde se conserva el mausoleo del referido Francisco Tadeo, Primer Secretario de Estado en 1832 y ministro de Gracia y Justicia que fuera de Fernando VII entre 1823 y 1833; ya que a pesar de nacer en Villel donó unas escuelas a esta población y siempre estuvo vinculado al municipio. Al exterior cabe destacar su cuidada portada neoclásica y su torre de dos cuerpos.

Iglesia parroquial

Iglesia parroquial

La Casa Consistorial, lugar cedido para las charlas de este curso, es una edificación del siglo XVII que responde a modelos eminentemente populares. Destaca su fachada de enfoscado blanco y su bonita lonja en la planta baja.

Para dormir… el albergue, situado en el antiguo molino harinero de la población, que data del 1630. Aún se pueden apreciar los desvíos del río para generar la fuerza necesaria para la molienda. Y para beber cervezas, el bar de la localidad, donde todos los cursillistas se daban cita a la anochecida.

Un lavadero público en la calle

Un lavadero público en la calle

Os debo confesar que viví otra vez en mi cuerpo ese ambiente de joven arqueólogo, que desde mis tiempos de estudiante no había vuelto a experimentar. Y mirad que hace años que me “corté la coleta” cual torero.

Olba, después de visitarlo, ocupa un alto número en mi top-10 de pueblos turolenses para jubilarme. Para descansar… os lo recomiendo encarecidamente.

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