Madrid (capital)

Los “bombos” de Villarrobledo se pasean por Madrid. 2013-XI-16

Hoy un paseo por el campo manchego (bueno… y por Madrid).

 La Mancha es tierra de tierra

con noches de mar sin mar;

con aurora sin orilla,

con playas de sol y cal;

toda costa y toda cielo,

casi para navegar.

(Juan Torres Grueso)

Este noviembre presentaba el libro Bombos y chozos de la Mancha en Madrid, cuyo capítulo titulado “Bombos de Villarrobledo” está escrito por el que suscribe éstas líneas, o séase “mua”. Consta de 152 páginas de limpia y apretada prosa, donde historiadores, antropologos, arquitectos, aficionados y curiosos en general podrán disfrutar de estas construcciones hechas en piedra seca.

El libro de marras

El libro de marras

Empezaré diciendo qué es un “bombo” dentro de la terminología villarrobledense, pues me imagino que muchos de vosotros, amigos lectores de este blog, no sabréis de qué os hablo, vamos… ni pajolera  idea. Se trata de construcciones vernáculas, es decir autóctonas de una zona, en este caso La Mancha.

Los “bombos” son edificaciones “abombadas”, válgame la redundancia y perdóneme los filólogos.  Piedra sobre piedra, sin argamasa alguna que haga de nexo de unión y agarre entre ellas, van creando en falsa cúpula hasta crear un refugio temporal; con un único vano al sur que hace las funciones de puerta. Para que me entandáis queridos lectores no criados en la mancha, se trata de un “iglú” de piedra que hacían los campesinos para refugiarse de las inclemencias del tiempo básicamente.

Un bombo villarrobledense

Un bombo villarrobledense

En Tomelloso (Ciudad-Real) también son llamados así, pero la tipología constructiva es muy diferente. A la hora de estudiar estas construcciones hay mucha bibliografía y muy variada, ¡ea! que hay mucho friki suelto que le da por escribir sobre los bombos.

Bombos, chozos, cubos, cubillos, cucos… ¡será por nombres! Sí queridos manchegos del llano albaceteño, esas miles o “dosmiles” de cervezas que os habéis tomado en el pub el Cuco en la calle Concepción, lo habéis hecho en pub que tanto fachada como interior imita con sus piedras estas construcciones. ¡Años ha! desde que se inauguró y os enteráis ahora…

El Cuco, pub albaceteño que imita estas construcciones

El Cuco, pub albaceteño que imita estas construcciones

Mi primer trabajo y censo de los mismos fue en 2001. La segunda revisión es de 2013. Y ahora espero una entrada en el blog de mi amiga Eva (ejem, ejem).

Un pequeño bombo

Un pequeño bombo

Mi capítulo dentro del libro está centrado  en una parte del término municipal de Villarrobledo, concretamente en la colada llamada camino Viejo de San Clemente, que discurre de forma paralela a la carretera que une ambas localidades.

Si partimos desde la localidad en dirección noroeste podemos contar con más de una veintena de estas construcciones. Algunas maltrechas por el paso del tiempo, donde la huellas de la vejez se dejan ver. Otras, las menos, están cercadas, remendadas con cemento, enjalbegadas… e incluso con puertas actuales, privatizando un patrimonio rural que nació como público, cuyo fin solidario era acoger al que lo necesitase. Manos anónimas que trabajaron un día bajo el lema de “haz el bien y no mires a quien”, e incluso… “no mires el tiempo”, pues se hicieron prácticamente a perpetuidad, sin cobrar y sin esperar recompensa alguna. Cada vez que los miro,  veo el altruismo, la generosidad y la hospitalidad manchega reflejada en ellos.

Los afamados bombos geminados de Villarrobledo

Los afamados bombos geminados de Villarrobledo

Muchos otos se conservan tal cual un día nacieron, visitadles si tenéis oportunidad de hacer la ruta a modo de senderismo, mejor a pie o a bici. Os dejo señalada en este mapa, fruto del artista Johann Andreu, qué gustosamente acepta encargos de ilustraciones y diseños.

MAPAEl libro editado por Aache tiene varios capítulos, todos cada uno de ellos dedicado a un lugar concreto de la Mancha: Socuéllamos por Fco. Javier Escudero, Tébar y Pedro Muñoz por Isabel Sánchez Duque, Campo de Criptana por Vicente Aparicio, Tomelloso por Juan Luis Segura y Villarrobledo por Luis E. Moreno, of course que decimos los ingleses. Os invito encarecidamente a que lo compréis, y no os preocupéis que yo os lo dedico “con mucho gusto” que diría mi antiguo profesor Pedro baño, estampando la bonita rubrica de notario que gasto, yo… que me creía Grande de España o algo similar cuando era pequeño. Bueno… lo podéis leer sin comprar en alguna biblioteca municipal.

Un momento de la presentación del libro en Madrid. 2013

Un momento de la presentación del libro en Madrid. Casa de Castilla-la Mancha, 2013

Firmando un ejemplar

Firmando un ejemplar

Sirvan todos esfuerzos para el estudio, fomento y conservación de un patrimonio manchego casi olvidado y durante décadas menospreciado.

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Pedro Castillo de Villarrobledo y la Basílica de Atocha – Madrid. 2013-XI-17

Hoy os lo cuento en tres partes: Introducción, nudo y desenlace… como en las mejores novelas, para no aburriros.

Introducción: Villarrobledo

Mis queridos lectores, hoy toca la Villa y Corte. Viaje relámpago para presentar a un grupo de manchegos un libro manchego en el último reducto manchego , la Casa de Castilla – La Mancha de Madrid. Queridos paisanos, si algún día necesitas asilo político en la gran ciudad, allí está vuestra embajada.

El domingo madrileño fue pasado por agua, una fina lluvia se mantuvo constante sobre mi cabeza… porque claro está, no penséis que yo uso paraguas (ya en el instituto mi amigo Alfonso me echaba la bronca); además yo me fui con ropa acorde a la temperatura de Alicante, sin acordarme que aquí tenemos un microclima autóctono. Total, que a 4 ºC, lloviendo y deambulando por las cuatro calles que conozco de Madrid.

En ese paseo,  bajo el plúmbeo cielo madrileño, y sin un guía que me dijera qué visitar, me acordé, así a voz de pronto (alguno de los Luisistos que tengo en mi cabeza me lo diría) de la “derruida basílica de Atocha”. Y allí que me fui, junto a la estación, no tiene pérdida.

Ya sabéis de la grandeza casi imperial de mi Villarrobledo. Pues hoy os contaré una grandilocuencia más de mi ciudad natal, que no villa como Madrid  [tsss].

Me remonto al 17 de julio de 2001 para contaros mi “curiosa curiosidad” de hoy; los que me conocéis bien, ya sabéis de mi pasión por la historia local y de mis amigos octogenarios que tantas historias, anécdotas y tradiciones orales depositadas a través de generaciones me regalaron un día y que yo atesoro “como lo más”. De aquellas, por fortuita casualidad conocí a Pascuala Laguía de 96 años. La entrevisté en su casa: me cantó, me recitó, me explicó y me refirió numerosos relatos. Una mente ágil que aún hoy me sorprende cuando la recuerdo con cariño. Al pasar los años y más con esa edad, supuse que Pascuala ya faltaría; con en el tiempo una sobrina me contó que cruzó la barrera de los 100 pero que ya no vivía. Este pasado verano decubrí su lápida en el cementerio de Villarrobledo, sencilla, como creo que fue su vida; tan sólo ponía: Pascuala Laguía y una pequeña cruz grabada en el mármol negro.

Nudo: La vida de mi paisano don Pedro Castillo Ramírez

Pascuala me contó la historia de su tío-abuelo Pedro Castillo Ramírez (1834-1894), natural de Villarrobledo, of course que decimos los ingleses. El hermano de éste era Vicente Castillo Ramírez, quien tuvo una hija: Magdalena Castillo Mondejar, madre de Pascuala Laguía Castillo.

La biografía que voy a referir, ya la publicó Agustín Sandoval en su libro Historia de mi pueblo (1961). La resumo: Pedro Castillo fue pastor en su juventud. En 1854, con veinte años, se hizo soldado en el Regimiento de Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería. En la actualidad “Farnesio” 12 es la Unidad del Arma más antigua del ejercito Español, fundada el 7 de marzo de 1649 en Flandes.

Con valor, Pedro, tomó parte en algunas revueltas durante el bienio progresista (1854-1956) que presidió el General Espartero, cuyo ministerio de Guerra le fue dado al que fuera su antiguo rival: el General O’Donnell.

General Espartero

General Espartero

De allí pasó a la campaña de África, en la famosa Guerra de África (1859-1860) en plena época de imperialismo colonial. En defensa de Ceuta y Melilla, Isabel II sostuvo una guerra que ganó, beneficiandose España tanto económicamente como en territorios: Islas Chafarinas y temporalmente Tetuán.

Allí nuestro protagonista se distinguió como héroe en la campaña del 23 de enero de 1860 en Marruecos.  Los autores locales son más suaves al contarlo y no hablan de muertes. Pero en resumidas cuentas, Pedro fue desmontado ya que hirieron a su caballo, y allí en el fragor de la batalla “arrancó” a un musulmán su estandarte de combate, símbolo importante para cualquier ejercito, y se lo entregó a su mando, el general O’Donnell, en las circunstancias más críticas para las tropas españolas, lo que levantó la moral de éstas. Copio de Internet la acción:

“Los escuadrones 1º y 2º del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería se integran en la Segunda Brigada de la División de Caballería que se forma dentro del Ejército Expedicionario de 35.000 hombres que toma parte en la Guerra de África, sostenida entre España y el Sultanato de Marruecos, a causa de un ataque marroquí a un destacamento español a las afueras de Ceuta en agosto de 1859. A mediados del mes de diciembre de 1859, todo el Ejército de Operaciones se encuentra ya desembarcado en Ceuta, aunque no será hasta el 23 de enero de 1860 cuando los escuadrones de Farnesio se enfrenten con el enemigo.

En dicha jornada, a las afueras del reducto llamado “La Estrella”, el Batallón de Cazadores de Cantabria, en un momento de la maniobra, avanza en exceso y se ve rápidamente rodeado por la Caballería mora. En su auxilio, el general O’Donnell envía a los dos escuadrones de Farnesio, quienes con una carga a fondo, derrotan a los marroquíes, poniéndolos en fuga. Un cabo del 1er Escuadrón, Pedro del Castillo Ramíerez, consigue capturar un estandarte enemigo, tras derribar al jinete que lo llevaba. Por su valor, se le concede la Cruz Laureada de San Fernando y su ascenso a sargento.

El 31 de enero, los escuadrones de Farnesio se enfrentan de nuevo con la Caballería mora, en la batalla de Torre de Jeleli, en este caso para proteger el repliegue de la Brigada de Coraceros, cuya retaguardia venía presionada por la Guardia Negra del Sultán. El 4 de febrero, Farnesio protege el movimiento de la Infantería que toma parte en la batalla de Tetuán, sin que durante toda la jornada, se vea envuelto en combate alguno. Asiste, finalmente, a la última batalla de la campaña, la de Uad-Ras, dada el 23 de marzo de 1860.”

La Guerra de África

Regimiento Lanceros de Farnesio en la Guerra de África

Aquella actuación le valió a mi paisano para recibir la máxima condecoración que un militar español puede recibir: la Cruz Laureada de San Fernando. No hay mayor galardón. Fue concedida por la reina Isabel II por Real Dereto e impuesta por el que fuera Capitán General de Andalucía el 18 de julio de 1860, en formación de tropa y bajo todos los honores militares.

Pedro Castillo y su laureada de San Fernando

Se licenció con 31 años en 1865 recibiendo el título de “don”. Como buen manchego en la “diáspora” decidió regresar a su pueblo. Por petición propia pidió abrir un estanco de tabaco que le fue concedido. Aquel pequeño establecimiento, con un escalón de bajada según me contaban los mayores,  estaba situado frente al desaparecido teatro Navarro, en la céntrica y estrecha calle Cronista A. Sandoval de Villarrobledo, aproximadamente entre el Nº 2 ó 4.

A los pocos años de su regreso, en aquel estanco de Villarrobledo, fue visitado por el General Juan Prim (1814-1870). Militar y político español. Destacado héroe en la Guerra Carlista y en la Guerra de África. Presidente del Gobierno y hombre influyente de la época.

General Prim

General Prim de visita en Villarrobledo

Pedro Castillo llegó a ser alcalde del municipio. Murió en 1894 con 60 años. Aquel estanco pasó a su hijo Pedro Castillo Ortega, quien murió asesinado en 1936.

Pascuala, su sobrina-nieta, conservaba hasta hacia unos años aquel papel que concedía el galardón y una foto que ella misma me la describía así: “El retrato era más o menos un cuarterón. Con la foto de tres lanceros, con sus caballos a medio cuerpo. En la mano izquierda las riendas y en la derecha la lanza. Llevaban un gorro de acero, redondo, barbuquejo en la barbilla,  la punta de la frente algo descolgada, y arriba un “pinche”. Es decir, exactamente como el dibujo que existe en Internet; de la foto saldría éste. Tanto el documento y la foto, así como el tubo militar porta-licencias de hojalata, fueron quemados bajo la idea de: “¿Esto quién lo va a querer? Rodando por ahí…”

El villarrobledense Pedro Castillo Ramírez, militar distinguido en aquella batalla

El villarrobledense Pedro Castillo Ramírez, laureado militar distinguido en aquella batalla. Tío-abuelo de la entrevistada

Desenlace: La basílica de Atocha en Madrid

El referido estandarte musulmán que consiguió Pedro Castillo, símbolo de la conquista en la batalla, y que le entregó a su General O’Donnell, fue a su vez entregado por éste el  al entonces Príncipe de Asturias d. Alfonso XII en el día de su santo (aquí tengo mis dudas: si 23 de enero de 1861, justo un años después de la batalla, San Ildefonso. O el 1 de agosto de 1860, San Alfonso M. de Liborio, de aquellas recién canonizado pero  menos asociado al santoral de la realeza española).

General O'Donnell

General O’Donnell

El estandarte se expuso en la antigua Basílica de Atocha de Madrid, sí, la que yo visité el domingo ¡¡cuánto lío para llegar hasta aquí ¿verdad?!!

Interior de la basílica de Atocha. Se aprecian estandartes militares sobre la nave lateral

Interior de la basílica de Atocha. Se aprecian estandartes militares sobre la nave lateral

La Basílica es recientemente nueva: recogida y pequeña, sin riquezas ornamentales ni imaginería excesiva. Ningún estandarte o banderín que buscar. Si no desapareció en alguna ida o venida, desaparecería en alguna revuelta o guerra… o quién sabe, tal vez se conserve de manera anónima en el Museo del Ejército.

Es una de las cinco basílicas que existen en Madrid. Numerosos han sido los avatares de esta iglesia que en la actualidad pertenece al convento de dominicos. Está situada sobre el antiguo convento de la Orden de Predicadores de Nuestra Señora de Atocha, que albergaba a su vez la primitiva ermita-santuario que daba culto a la Virgen de Atocha.

La antigua basílica, ahora en su solar está el colegio e instituto que regentan los pp. dominicos. Sólo se conserva el campanario

La antigua basílica, ahora en su solar está el colegio e instituto que regentan los pp. dominicos. Sólo se conserva el campanario

La antigua torre entre actuales edificios

La antigua y solitaria torre entre actuales edificios

Allí se venera la pequeña imagen de la Virgen María de Atocha, en madera sin policromar, de estilo tardorománico (s. XIII-XIV). Imagen sedente, con el Niño en su rodilla izquierda y una manzana en la diestra. La reina Isabel II, atribuyó salir ilesa de un atentado a la mediación de la Virgen, por lo que regaló dos coronas de brillantes y topacios, rostrillo a juego y manto real de terciopelo y armiño bordado en oro (en contadas ocasiones se exhiben en el Palacio Real de Madrid).

Interior en la actualidad

Interior en la actualidad

Virgen de Atocha

Virgen de Atocha

El siglo s. XIX no fue fácil, primero la invasión francesa y luego la exclaustración de 1834, cuandopasó el convento a cuartel de inválidos. La reina Mª Cristina mandó su derribo por abandono y deterioro.  No sería hasta 1924 cuando los dominicos solicitan su restauración y regreso. En 1926 se hizo el solemne traslado, hasta el violento estallido de la guerra en 1936.

La antigua basílica tras la guerra civil

La antigua basílica tras la guerra civil

En la actualidad la basílica sigue estando regentada por dominicos y asociada a la corona real como desde antiguo: Felipe V bautizó a su hijo Luis; allí se casó Alfonso XII las dos veces; desde la regencia de Maria Cristina los hijos de los reyes son presentados a la Virgen; Letizia depositó allí su ramo tras la boda con el Príncipe Felipe…

Sin contar los enterramiento, entre otros el famoso dominico fray Barlomé de las Casas. Allí, muy cerca, está el Panteón de Hombres Ilustres… pero eso es otra historia (entre otras cosas porque no pude visitarlo).

La actual basílica de Atocha

La actual basílica de Atocha, situada a escasos metros de la antigua

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