Sitges

El primer chiringuito de la historia en Sitges -Barcelona. 2009-VI-25

Pues sí, es día 1 de julio y ahora sí que huele a verano. Ayer en mi paseo vespertino por la Explanada de Alicante, cual octogenario, puede comprobar que los “madrileños” ya han llegado y han vuelto a tomar las calles de la ciudad una vez más.

Las fiestas locales en honor a San Juan y San Pedro, 24 y 29 de junio respectivamente, han supuesto el final de un curso académico y el pistoletazo de salida para el verano, ¿qué nos queda ahora? Pues sol, playa y cervezas en el chiringuito de turno. ¿Qué sería de España sin nuestros chiringuitos? Pues como una Andalucía sin gazpacho (que sí María, te daré la receta hoy mismo) o una Mancha sin su don Quijote.

¿Os he contado que yo estuve en el primer chiringuito de la historia? Vamos… sin ser nada presuntuosos, Dios me libre, pero es así. Pues me viene genial para contároslo.

El Chiringuito

El Chiringuito

Corría el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1502, ¡ay no! fue después… era junio de 2009. Yo viajé con mi amigo Javi varios años por la Costa Catalana (os pongo una canción para escuchar mientras leéis la entrada, sé que a mi amiga Coral le gustará) y así fue como descubrí el primer chiringuito en Sitges (Barcelona).

Estos establecimientos vienen a ser pequeños bares, por lo general estacionales, localizados en la playa y zonas turísticas. Tienen mucha demanda, que unido a sus precios algo más elevados de lo normal, pues “hacen el agosto” (nunca mejor dicho) y así tienen grandes beneficios en poco tiempo.

El chiringuito al que fui se llamaba así: Chiringuito. Y punto. Abrió sus puertas en 1913. No vamos a pensar que fue el primer bar abierto en una playa para aliviar la sed de los turistas, aunque por las fechas sí que cabe esa posibilidad. Lo que tiene este establecimiento de original es que fue el primero en toda España en llamarse así: chiringuito.

Tranquilo... junto al mar

Tranquilo… junto al mar

Lo explica y recuerda una placa. El periodista César González-Ruano (1903-1965) escribió durante 5 años sus crónicas allí dentro, sobre una mesa que aún hoy se conserva, con vistas al mar tras grandes ventanales. Además de sus artículos a la Vanguardia también escribió allí el libro Huésped del mar, dedicado a Sitges. Fue durante el tiempo de posguerra, cuando huyó de un París ocupado por los Nazis y que bien conocía sus turbias actividades. Regresó a España junto con su familia “la pluma más brillante del periodismo”, que diría Iñaki Ellakuña en su blog, tras haber tenido algún que otro traspié con la justicia. Todos pensaban que regresaría a Madrid tras sus gestas por las principales capitales europeas, pero él decidió instalarse en una ciudad más abierta con su mujer, donde bohemios y artistas siempre tuvieron buena acogida.

César González-Ruano

César González-Ruano

También fue asiduo al Café Gijón de Madrid, y al Café Teide. Tenía casa en Cuenca, donde pasaba largas temporadas, a esta ciudad le dedicó su libro Pequeña ciudad.

En sus memorias recordará el chiringuito como un “extraño sobre la misma arena, como un pabellón de cristales donde me pareció que podía escribir cada mañana”. Allí llegaba temprano para escribir, fumar y emborronar cuartillas, entre murmullos, humo, cafés… Bautizó aquel local como “chiringuito”, y popularizó la palabra por toda España, hecho que Georgie Dann terminaría por encumbrar años después. De aquellas se decía que esa palabra era la que se utilizaba en Cuba para pedir un café. Durante su estancia allí, a Ruano se le “prometió” el premio Nadal… uno de sus sueños, pues dejaría el periódico para dedicarse a las novelas; pero una desconocida Carme Laforet con su obra  Nada, ganó tal premio. Nunca se repuso de aquella “puñalada amarga”.

La leyenda

La leyenda

Nosotros, Javi y un servidor, no tomamos café allí; fue una clara y una coca-cola en lata, 3.30 y 3.50 € respectivamente. Sí señores, algo así como 1100 de nuestras queridas pesetas. Parece que estoy viendo la cara que se nos quedó, pero oigan ustedes… nosotros como señores.

La cuenta, por favor.

La cuenta, por favor.

Siempre asociaré a aquellos viajes con Javi la canción del verano 2005, Love Generation, de Bob Sinclar. Cada vez que la escucho me trae tan buenos ratos, tantas risas… que me llena de alegría. Es de esas canciones que la escuchas pocas veces porque no quieres “gastarla”. Os la dejo, y ¡¡disfrutad del verano, que ahora sí que ha llegado!!

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Categorías: 2009 - Viajes del año, Sitges | Etiquetas: , , | Deja un comentario

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