El Tiemblo

De toros en Guisando. El Tiemblo (Ávila) – 2016-II-20

En mi último viaje a tierras abulenses pude esparcirme mentalmente y retroceder en el tiempo al visitar los afamados Toros de Guisando. Allí estaban ellos… impertérritos, pastando plácidamente como si la actualidad Europea no fuera con ellos.

Amigos, para llegar al conjunto hay que viajar por carretera nacional (y mirad que no soy muy amigo de ellas), concretamente por la N-403 que va desde mi Toledo natal a mi Ávila natal, pasando por el San Martín de Valdeiglesias natal de mi amigo García Blandín (localidad que existe, oigan ustedes, lo mismo que mi Teruel). Un poco más adelante está El Tiemblo; localidad de unos 4000 tembleños situada junto a las estribaciones de la  Sierra de Gredos. Allí, entre ambos pueblos, veréis perfectamente señalado la desviación para visitar el conjunto.

Los cuatros bichos están en el término de Ávila, enfrente del Cerro Guisando junto a la Cañada Real Leonesa (aquellas que ya os expliqué algo cuando viajamos a La Mesta)  y a escasos metros del arroyo Tórtolas, casi frontera natural con la provincia de Madrid.

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Los famosos Toros de Guisando

Los toros o verracos (cerdos sementales) llevan allí desde los romanos… fijaros si ha llovido ya unas cuantas veces sobre ellos; y ahí están… como si nada, jóvenes y lozanos, manteniendo el tipo con el frío. Éstos son más antiguos, concretamente del pueblo vetón (s. IV –I a. C. se calcula)… vamos que eran los primos hermanos de los íberos en otras latitudes peninsulares.

 

Se desconoce el porqué de su existencia, y como a los españoles no nos gusta especular… pues dándole a la sin hueso desde los tiempos de Nuestro Señor Jesucristo fijaos amigos si han surgido hipótesis: que si eran dioses protectores del ganado, que si hitos de las cañadas, que si monumentos funerarios, que si fines religiosos, que si marcadores territorial, bla bla bla bla…

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Concentración de toros / verracos en Castilla

La verdad es que el pueblo vetón era muy ganadero (zona de Ávila, Salamanca… parte de Cáceres, Toledo y Zamora); vivía de él y talló en granito toscamente muchos de estos animales buscando la representación más realista: pliegues en el cuello, atributos sexuales, oquedad para la incrustación de cuernos…

Del pueblo vetón hay muchas representaciones similares, siendo estos los más conocidos, representativos y estudiados. Yo en la EGB me acuerdo de verlos en aquellos libros ochenteros de Anaya. Sirva hoy mi homenaje a ellos.

La curiosidad es que haya cuatro juntos. Y eso no se le debe a los vetones, sino a los romanos. Algún iluminado romano los vio por ahí desperdigados y decidió juntarlos. ¿Con qué fin? Se desconoce, posiblemente para algún monumento funerario o (y esto es una teoría que yo me saco) para que sus hijos pequeños jugaran a los caballitos en su chalete (será que no nos gusta llevarnos cosas a los chaletes, y eso tiene que venir de viejo). De ahí que uno de los toros esté grabado en latín: Longinos lo hizo a su padre Prisco de la tribu de los calaeticos.

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Verraco con la inscripción latina

El conjunto está muy cuidado y protegido. Cuesta 2€ de nada entrar, para asegurarse la limpieza y el respeto al patrimonio. Que mejor así, que a estos pobres toros los pillan en la Comunidad Valenciana y nos hacen cuatro rotondas como cuatro soles; y se quedan tan panchos los alcaldes.

El cercado, y sobre todo un tozo de éste, el más alto y antiguo permaneció a una venta, de esas que había junto a los caminos.

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Reza la cartela superior: En este lugar / fue jurada doña Isabel la Católica / por princesa y legítima heredera / de los reinos de Castilla y de León / el 19 de septiembre de 1468

Ésta se llamaba Venta Juradera. Juradera de jurar… y ahora veréis por qué. Saltamos en el tiempo unos 500 años, concretamente a 1468: Cristo ha nacido ya, los romanos se han ido a pique, la peste bubónica ha arrasado Europa y en mi Villarrobledo ni ha pernoctado Santa Teresa aún, ni el Virrey Morcillo ha nacido todavía.

Allí, ya digo que solo queda un paredazo de piedra con una cartela grabada en 1924, el rey de Castilla Enrique IV se juntó con su hermana Isabel (Isabel la Católica, la madre de la que fui a visitar en Peterborough); eran hermanos solo de padre (Juan II). Allí la Isabel con los nobles castellanos le hizo la trece catorce a su hermano y a su sobrina…

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y éste terminó jurando allí mismo que tras su muerte no sería su hija Juana la reina (llamada Juana la Beltraneja por “rumorearse” ser hija del favorito de la reina: Beltrán de la Cueva), sino ella, su hermana Isabel (y así fue). Como afirmó Andrés Campos en 1998, allí el rey dijo en relación a su hija Juana: “no fuese por él engendrada, la cual la adúltera reina había concebido de otro varón y no de él”. Ello equivalía a declararse cornudo e impotente.

Lo insólito es pararse allí junto a los cuatro bichos que miran al cerro de Guisando… y pensar… ¿sería por palacios? ¿era necesario juntarse en un bar de carreteras para hacer tamaño juramento que pasaría a la historia de España?

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Guisando 1908, foto anónima

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