Altea

Altea y su Rosa de los Vientos – Alicante. 2013-IX-17

Volvemos a estar en otoño.

Pues sí amigos, hace unos días entrábamos en el otoño. Una estación melancólica que deja atrás el júbilo del verano. El tiempo de la vida es una rueca que no para. Otro año más esta estación nos regalará mantos ocres  y pardos… siempre me acuerdo de las choperas que mi madre tiene pintadas: árboles erguidos de la nada, caducifolios, que iluminados por un sol exiguo se van desprendiendo de lo viejo, de lo que ya sirve para el caminar diario.

¡¡Qué mejor manera para despedir el verano que ir a cenar a Altea!! Pues dicho y hecho, en 20 minutos allí que estábamos plantados: mi amigo Jesús, el pequeño Zac y servidor.

Altea… ¡mirad que es bonita! ¡Qué ciudad más Mediterránea! Pasear por ella fuera del tiempo estival es un lujo… todo en calma. Casi solitaria.

Altea en sus calles

Altea en sus calles

Normal que Altea fuera desde siempre refugio de artistas. El color que da ese sol y ese mar lo requiere.

Hoy no os quiero aburrir con historias… y seré breve porque fue un viaje relámpago. ¿Conocéis esa sensación de hacer algo malo sin hacerlo? Pues así me sentí… como infringiendo la ley… total porque era un martes y como que no pegaba estar allí entre semana: vienes de trabaja, ya es de noche, tienes que prepararte para el día siguiente, que si toca madrugar… tantos inconvenientes y trabas ficticias que nosotros mismos nos ponemos y no disfrutamos muchas veces del momento, del aquí y ahora que diría mi hermana. Y mirad lo que os digo, mis queridos y incondicionales lectores, de vez en cuando merece la pena hacerlo.

Altea en sus

El casco de Altea sinónimo de tranquilidad

Imagínense la estampa: Altea estaba casi solitaria… sólo con alteans. Su casto antiguo: empedrado, blanco, a media luz. El mar Mediterráneo al fondo. Temperatura aún veraniega. Luna llena… y todo impregnado con olor a Galán de noche, para mí excesivamente dulzón, pero recuerda siempre a mi infancia, a los veranos familiares en la playa. ¿Se puede pedir algo más para despedir el verano? Pues sí… cenar.

Y allí que fuimos, elegí yo. ¿Paseo marítimo o casco antiguo? Paseo… hay que aprovechar siempre el mar, ya habrá tiempo de meternos en un restaurante en invierno. De todos los sitios hubo uno que me llamó la atención… moderno, diferente, con encanto, estilo sosegado, permítidme usar otra vez lo de “mediterráneo”, o ibicenco si me lo preferís. Lo vais a entender cuando veáis la foto:

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Terraza del restaurante Senses

Me refiero al restaurante Senses. Un lujo estar allí. Es una casa autóctona, de las “viejunas”, pero recuperada con estilo: incluso hacen exposiciones y eventos. Nos atendieron de manera extraordinaria, incluso se preocuparon de Zac trayéndole agua. Os lo recomiendo encarecidamente, y no penséis que es caro. Yo cené una pizza vegetal con cerveza y poste… todo tan rico que hasta tuve que preguntar de qué cerveza se trataba. Segruro que mi amiga Rosa está tomando nota.

Senses

Restaurante Senses en el paseo marítimo de Altea

Para compensar la cena lo mejor era subir hasta la plaza de la iglesia por esas callejuelas angostas de corte medieval; para así llegar hasta el mirador más emblemático de Altea, un balcón al mar que tiene una Rosa de los Vientos cerámica en el suelo. Que no se os pase de manera desapercibida amigos… os contaré una anécdota sobre ella de las que me gustan a mí: se hizo hacia 1997  en el taller de cerámica contemporánea Pau-Cámara de Altea. José Antonio Martínez Alcaraz hizo el diseño y las manos de Matilde Pau y Mª Carmen La Fuentes le dieron vida con la cerámica.  La curiosa-curiosidad de la obra es que el diseñador dejó a sus dos sobrinos pequeños, de apenas 5 años, que se inmortalizasen para la posteridad con la impronta de tres marcas rayadas junto a la firma del taller. ¿Quiénes eran los sobrinos? Pues sí, mis amigos Isabel y Pepe Revenga… que como gemelos revoltosos estarían “trasteando” por allí. ¡Qué cosas tiene la vida! con la de miles de turistas que habrán visto y fotografiado esa Rosa.

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La Rosa de los Vientos de Altea

Detalle de la firma:

Detalle de la firma y las improntas: Pau, de la Fuente y Matínez Alcaraz

Desde allí se puede contemplar la bahía con la playa del Albir y la Serra Gelada al fondo; y su faro sempiterno, que gira como gira el ciclo anual… y es que señores… volvemos a estar en otoño.

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Categorías: 2013 - Viajes del año, Altea | Deja un comentario

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