1986 – Viajes del año

Calendura y Calendureta, dos curiosos amigos de Elche. Alicante – 2014-III-19

Hace 28 años que vi por primera vez un autómata, o al menos que yo tenga consciencia de ello. Tenía 6 años y mirad por donde el miércoles pasado tuve la misma sensación que en mi niñez.

De aquellas, en la Catedral de Burgos, con la cuello contorsionado esperaba ansioso que llegara la hora en punto para ver en aquel reloj como el famoso Papamoscas abría la boca tantas veces como campanadas diera, estirando a su vez del badajo de la campana. La figura databa del siglo XVIII,  sustituyendo a la que dos centurias anteriores había trabajado en su puesto, pero claro… que me hablaran a mí de historias y siglos con aquella edad.

Pues bien amigos lectores de este “interesantísimo” blog, el miércoles vi y esperé con la misma “ansia viva” los toques del reloj situado en la Torre Vetlla de Elche, a escasos metros del Ayuntamiento. Como hicieran Papamoscas y Martinillo en la capital castellana, Miquel Calendura y Vicentet Calendureta lo hacían el pasado día en el levante.

Torre de la Vetlla i rellotge de Calendura

Torre de la Vetlla i rellotge de Calendura

Éstos fueron bautizados así en 1759; y anuncian, como no puede ser de otra manera, horas y cuartos respectivamente.

Los autómatas en general eran algo muy apreciado, y por ende los relojes en particular. Como si fuera por arte de magia… le dabas cuerda algo que cobraba vida y se movía por sí solo. Los relojeros eran los conocedores de diminutos mecanismos con cuerdas y engranajes, y por tanto fueron ellos los  virtuosos de este arte del que  Carlos V por ejemplo era un enamorado: aficionado y coleccionista (todo un Emperador, dueño del mayor Imperio, rendido ante unos juguetes). Su Relojero Real fue Juanelo Turriano (1500-1585), quien le hizo autómatas tan famosos como el Hombre de palo destinado a su hijo Felipe II (mi gran Felipe).

Carlos V en Yuste, rodeado de jerónimos, observan dos autómatas. Miguel Jadraque (1840-1919)

Carlos V en Yuste, rodeado de jerónimos, observa dos autómatas de Turriano. Pintura de Miguel Jadraque (1840-1919)

Todo esto nos lleva a pensar que este tipo de relojes y figuras autómatas, ya sean de manera individual o conjunta, tuvieron su auge en el siglo XVI, de ahí la primitiva figura en Burgos, o nuestros Calendura y Calendureta que tocan las campanas que fundió Joaquín Balle en el año 1572 para Elche.

Fue el año anterior, el 25 de noviembre de 1571, cuando el Concejo planteó la necesidad de poner una campana en una de las torres de la ciudad que se viera desde la Plaza Vieja. Al mes siguiente se le adjudicó la construcción del reloj a Alfonso Gaytán. Y allí esta… sobre la Torre del Consell, en la Plaza de Baix.

La Torre del Consell (Ayuntamiento). Al fondo el reloj de Calendura

La Torre del Consell (Ayuntamiento). Al fondo el reloj de Calendura

Esta torre es la construcción municipal más antigua del sur de la Comunidad Valenciana. Se comenzó a edificar en 1441. De planta casi cuadrada, tenía dos cuerpos y estaba integrada en la muralla medieval, de tal modo que su parte inferior (la puerta de Guardamar) servía de paso entre las dos plazas. Luego pasó a ser palacio y hoy Ayuntamiento. Por eso uno de los toques tradicionales de estas campanas, aparte del de las horas, era el de “la señal del ladrón”, es decir, el toque del cierre de las murallas de la ciudad cada noche.

Detalle del Ayuntamiento ilicitano

Detalle del Ayuntamiento ilicitano

En 1759, aprovechando unas reparaciones, se añadieron las dos figures autómatas que simulasen tocar las campanas. Eran de madera policromada. Me gustaría ver la cara de asombro e ilusión de aquellos ilicitanos del siglo XVIII… tuvo que ser todo un acontecimiento local lo que hoy pasa casi inadvertido.

Se “bautizaron” el día de San Miguel (29 de septiembre), de ahí su nombre del mayor; el apellido se cree que procede de calenda, locución latina que habla del tiempo inmemorial.

Las figurillas han sufrido muchos avatares a lo largo de los años: que si te pongo aquí, que si ahora te quito, que si te recoloco, que  espera que no suenan, que ahora voy a cambiar de sitio la esfera del reloj , mejor el templete nuevo… Una que destaco por curiosa es la que ocurrió en 1870 (Centenario de la Venida de la Virgen) cuando a Miguel se le pintó una casaca roja, unos pantalones amarillos, unas botas negras y un morrión negro, al día siguiente se le añadió un plumero de seda blanca.

Vicentet dando los cuartos

Vicentet dando los cuartos

Años después dejaron de tocar las campanas debido a un arreglo, y escribió el cronista decimonónico: “Después de haber servido el reloj antiguo 306 años se le había concedido el retiro hasta nueva orden y a Miguel Calendura y a Vicente sin padre, los habían dejado cesantes y sin paga después de 119 años de servicios”.

Después de toda su historia sólo me queda decir, que si no atractivos al menos son curiosos. Pasan casi inadvertidos a pesar de ser un icono de la ciudad; están medio escondidos en la esquina de la plaza,  cubiertos por sus respectivos templetes. Yo esperé más de 10 minutos para las once de la mañana y así verlos en movimiento; y sí, allí estaba Miguel Calendura con su gran mazo dándome las horas.

Miguel Calendura

Miguel Calendura (1759)

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Categorías: 1986 - Viajes del año, 2014 - Viajes del año, Burgos, Burgos (capital), Elche | Etiquetas: , , , | 3 comentarios

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