El campanario del señor San Blas de Villarrobledo. Albacete – 1994-VIII-06

Hoy subimos al campanario del señor San Blas de Villarrobledo, así como el que no quiere la cosa.

Cuenta la leyenda que fueron unas centenarias encinas las que sirvieron de improvisado campanario cuando los vecinos del Villarejo de San Nicolás se asentaron en lo que hoy es nuestra Plaza Vieja. Nacía así mi natal Villarrobledo… la muy noble y leal. Corría el año 1292.

Mi abuelo Emilio subió a este mismo campanario hace así como unas 86 “semanas santas”. Tuvo que ser en la de 1928, cuando él y su amigo Juanito el Rapao tendrían once años, y se pasaron aquel Viernes Santo o Sábado Santo “de quincena” trasteando por el pueblo. Entre rollos fritos y arroz duz estuvieron en San Blas, allí contaba mi abuelo que estaban todos los pasos procesionales guardados, ellos dos pasando inadvertidos entre los preparativos y el trajín de la gente…  fue como se colaron al patio y de ahí al campanario. Me contaba más anécdotas y “trastadas” que hicieron los dos aquel día, pero quedarán para el anecdotario familiar.

Las vistas desde el “pequeño” campanario eran y son impresionantes… puedes apreciar unas vistas únicas que deleitan al viajero, en parte porque sabes que tus ojos son unos privilegiados y que pocos podrán ver esa misma perspectiva.

Las vistas que mi abuelo vio desde allí arriba distan mucho de las de hoy vemos, principalmente por la desaparición del convento de las Madres Carmelitas en 1974 (no comentaré la brillantez de mis paisanos cuando decidieron derribar este edificio del s.XVI, mi maltrecha piel no me deja polemizar).

 

Desde el campanario con el desaparecido convento al fondo.

Desde el campanario con el desaparecido convento al fondo. Foto Castellanos

Si retomamos la historia local, aquella vecindad de 1292 con Juan Martínez de la Plaza a la cabeza, pronto tuvo que erigir una capilla, que con el paso del tiempo se convertiría en una pequeña iglesia de estilo gótico, de buena factura ella… que ahí está en parte, imperecedera. De aquella conservamos la puerta oeste, la de la Plaza, que durante décadas y más décadas se mal usó como ventana.

Esa parte gótica tenía los días contados, estaba destinada a ser embebida y volver a convertirse en el mismo polvo que un día fuera; hoy les hubiera salido a los constructores un letrero que diría: “desea reemplazar el archivo por este otro”… y hubiesen aceptado. Pero mirad por donde lectores, el caprichoso destino decidió otro futuro para ella y la salvó en el último momento. ¿Cómo lo hizo? Muy senillo mandó a la Parca que cortara el hilo de los ingresos… y sin dinero, no hay San Blas terminado. Y así fue como nos quedamos con una iglesia de planta catedralicia inconclusa pero con una bella puerta gótica al oeste. Otra renacentista al mediodía, obra del afamado Andrés del Vandelvira (la puerta del sol) y otra… bueno la otra es “la de sombra” y punto en boca porque no se puede decir mucho de ella.

 

Patio interior de la inconclusa iglesia de San Blas

Patio interior de la inconclusa iglesia de San Blas

Sin contar la “campanilla” ni la desaparecida “torre del reloj” (tampoco opinaré de sus respectivos derrumbes), San Blas siempre ha tenido un campanario junto a la referida puerta y en justa proporción con ésta. Pequeño, casi de juguete, que correspondía a la antigua iglesia, por eso hoy si el viajero se detiene a contemplarlo y observa bien, apreciará que es casi diminuto en esa mole de piedras centenarias; es más pequeño que el propio tejado: ¿díganme dónde se ha visto tal cosa? Lo normal es ver despuntar de entre la planicie manchega un gallardo campanario que como centinela diese los toques de aviso a la población.

 

Campanario y puerta gótica de San  Blas con la desaparecida Torre del reloj.

Campanario y puerta gótica de San Blas con la desaparecida torre del reloj a la izquierda

El caso es que en 1994 pude subir a él; no es algo común pues su acceso está restringido, pero sea por h o por b, me busqué mis contactos y allí que me fui.

Se accede por medio de un patio perdido (el de la foto anterior): con paredes inconclusas, capillas perdidas, puertas fantasmas, muros tapiados, columnas y nervios a medio construir… Allí es de donde arranca una bella escalera de caracol de ojo.

 

Escalera de caracol de ojo

Escalera de caracol de ojo

Dicen que sólo hay dos de este estilo en toda Castilla-La Mancha. Es circular por su planta, y forma en su centro un hueco curvado por medio de un muro que le sirve de alma y sobre el cual se forman los peldaños. Es decir amigos, que la misma inclinación hace que el pasamanos sean los propios peldaños. Os escribo esto y siento aún el vértigo atroz que tuve en una escalera parecida en la Sagrada Familia en la ciudad Condal, tanto que me hizo bajar y abandonar mi empeño de subir.

El caso es que esta escondida joya villarrobledense te lleva a lo más alto de una terraza, de ahí al campanario por un arco de reutilizadas piedras y viejos ladrillos. Dos campanas aguardan al viajero: San Blas la mayor y creo recordar que Virgen de la Caridad la menor. Éstas fueron volteadas por primera vez en 1946, según reza la inscripción en el yugo de la mayor, y es que las viejas campanas fueron desmontadas en la pasada guerra para ser arrojadas a un montón de arena colocado exproceso en la plaza. Desde aquel día, no recuerdo la fecha exacta ahora pero sé que en alguno de mis muchos papeles desordenados estará anotada, nunca más se supo de la suerte que éstas corrieron: la Blasa y la Nicolasa… en homenaje a esos dos santos obispos tan vinculados a la localidad.

Campana mayor: San Blas

Campana mayor: San Blas

 

Campana menor

Campana menor

El último avatar que sufrió la torre fue colocar en su muro la “cruz de los caídos”, pero claro… sólo de los caídos de un bando, el franquista, algo normal en los años cuarenta en todo el territorio español. Pero fíjense ustedes, por los años sesenta llegó un cardenal a Villarrobledo y dijo algo muy reconciliador: que la iglesia no tenía que decantarse por un bando, que hijos de Dios eran de los dos bandos, perdón y paz… y que esos azulejos con el nombre de los “caídos de Dios y de España” ya estaba sobrando en favor de la reconciliación. Y rápidamente se quitaron, quedando hasta nuestros días la marca en el anciano campanario.

La Cruz de los Caídos en el campanario. Foto Castellanos

La Cruz de los Caídos en el campanario. Foto Castellanos

Las fotos en color, queridos amigos, no son mías como podéis comprobar, se la debo a mi paisano Eduardo Moreno. Desde aquí, gracias.

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