Pedro Castillo de Villarrobledo y la Basílica de Atocha – Madrid. 2013-XI-17

Hoy os lo cuento en tres partes: Introducción, nudo y desenlace… como en las mejores novelas, para no aburriros.

Introducción: Villarrobledo

Mis queridos lectores, hoy toca la Villa y Corte. Viaje relámpago para presentar a un grupo de manchegos un libro manchego en el último reducto manchego , la Casa de Castilla – La Mancha de Madrid. Queridos paisanos, si algún día necesitas asilo político en la gran ciudad, allí está vuestra embajada.

El domingo madrileño fue pasado por agua, una fina lluvia se mantuvo constante sobre mi cabeza… porque claro está, no penséis que yo uso paraguas (ya en el instituto mi amigo Alfonso me echaba la bronca); además yo me fui con ropa acorde a la temperatura de Alicante, sin acordarme que aquí tenemos un microclima autóctono. Total, que a 4 ºC, lloviendo y deambulando por las cuatro calles que conozco de Madrid.

En ese paseo,  bajo el plúmbeo cielo madrileño, y sin un guía que me dijera qué visitar, me acordé, así a voz de pronto (alguno de los Luisistos que tengo en mi cabeza me lo diría) de la “derruida basílica de Atocha”. Y allí que me fui, junto a la estación, no tiene pérdida.

Ya sabéis de la grandeza casi imperial de mi Villarrobledo. Pues hoy os contaré una grandilocuencia más de mi ciudad natal, que no villa como Madrid  [tsss].

Me remonto al 17 de julio de 2001 para contaros mi “curiosa curiosidad” de hoy; los que me conocéis bien, ya sabéis de mi pasión por la historia local y de mis amigos octogenarios que tantas historias, anécdotas y tradiciones orales depositadas a través de generaciones me regalaron un día y que yo atesoro “como lo más”. De aquellas, por fortuita casualidad conocí a Pascuala Laguía de 96 años. La entrevisté en su casa: me cantó, me recitó, me explicó y me refirió numerosos relatos. Una mente ágil que aún hoy me sorprende cuando la recuerdo con cariño. Al pasar los años y más con esa edad, supuse que Pascuala ya faltaría; con en el tiempo una sobrina me contó que cruzó la barrera de los 100 pero que ya no vivía. Este pasado verano decubrí su lápida en el cementerio de Villarrobledo, sencilla, como creo que fue su vida; tan sólo ponía: Pascuala Laguía y una pequeña cruz grabada en el mármol negro.

Nudo: La vida de mi paisano don Pedro Castillo Ramírez

Pascuala me contó la historia de su tío-abuelo Pedro Castillo Ramírez (1834-1894), natural de Villarrobledo, of course que decimos los ingleses. El hermano de éste era Vicente Castillo Ramírez, quien tuvo una hija: Magdalena Castillo Mondejar, madre de Pascuala Laguía Castillo.

La biografía que voy a referir, ya la publicó Agustín Sandoval en su libro Historia de mi pueblo (1961). La resumo: Pedro Castillo fue pastor en su juventud. En 1854, con veinte años, se hizo soldado en el Regimiento de Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería. En la actualidad “Farnesio” 12 es la Unidad del Arma más antigua del ejercito Español, fundada el 7 de marzo de 1649 en Flandes.

Con valor, Pedro, tomó parte en algunas revueltas durante el bienio progresista (1854-1956) que presidió el General Espartero, cuyo ministerio de Guerra le fue dado al que fuera su antiguo rival: el General O’Donnell.

General Espartero

General Espartero

De allí pasó a la campaña de África, en la famosa Guerra de África (1859-1860) en plena época de imperialismo colonial. En defensa de Ceuta y Melilla, Isabel II sostuvo una guerra que ganó, beneficiandose España tanto económicamente como en territorios: Islas Chafarinas y temporalmente Tetuán.

Allí nuestro protagonista se distinguió como héroe en la campaña del 23 de enero de 1860 en Marruecos.  Los autores locales son más suaves al contarlo y no hablan de muertes. Pero en resumidas cuentas, Pedro fue desmontado ya que hirieron a su caballo, y allí en el fragor de la batalla “arrancó” a un musulmán su estandarte de combate, símbolo importante para cualquier ejercito, y se lo entregó a su mando, el general O’Donnell, en las circunstancias más críticas para las tropas españolas, lo que levantó la moral de éstas. Copio de Internet la acción:

“Los escuadrones 1º y 2º del Regimiento Lanceros de Farnesio, 5º de Caballería se integran en la Segunda Brigada de la División de Caballería que se forma dentro del Ejército Expedicionario de 35.000 hombres que toma parte en la Guerra de África, sostenida entre España y el Sultanato de Marruecos, a causa de un ataque marroquí a un destacamento español a las afueras de Ceuta en agosto de 1859. A mediados del mes de diciembre de 1859, todo el Ejército de Operaciones se encuentra ya desembarcado en Ceuta, aunque no será hasta el 23 de enero de 1860 cuando los escuadrones de Farnesio se enfrenten con el enemigo.

En dicha jornada, a las afueras del reducto llamado “La Estrella”, el Batallón de Cazadores de Cantabria, en un momento de la maniobra, avanza en exceso y se ve rápidamente rodeado por la Caballería mora. En su auxilio, el general O’Donnell envía a los dos escuadrones de Farnesio, quienes con una carga a fondo, derrotan a los marroquíes, poniéndolos en fuga. Un cabo del 1er Escuadrón, Pedro del Castillo Ramíerez, consigue capturar un estandarte enemigo, tras derribar al jinete que lo llevaba. Por su valor, se le concede la Cruz Laureada de San Fernando y su ascenso a sargento.

El 31 de enero, los escuadrones de Farnesio se enfrentan de nuevo con la Caballería mora, en la batalla de Torre de Jeleli, en este caso para proteger el repliegue de la Brigada de Coraceros, cuya retaguardia venía presionada por la Guardia Negra del Sultán. El 4 de febrero, Farnesio protege el movimiento de la Infantería que toma parte en la batalla de Tetuán, sin que durante toda la jornada, se vea envuelto en combate alguno. Asiste, finalmente, a la última batalla de la campaña, la de Uad-Ras, dada el 23 de marzo de 1860.”

La Guerra de África

Regimiento Lanceros de Farnesio en la Guerra de África

Aquella actuación le valió a mi paisano para recibir la máxima condecoración que un militar español puede recibir: la Cruz Laureada de San Fernando. No hay mayor galardón. Fue concedida por la reina Isabel II por Real Dereto e impuesta por el que fuera Capitán General de Andalucía el 18 de julio de 1860, en formación de tropa y bajo todos los honores militares.

Pedro Castillo y su laureada de San Fernando

Se licenció con 31 años en 1865 recibiendo el título de “don”. Como buen manchego en la “diáspora” decidió regresar a su pueblo. Por petición propia pidió abrir un estanco de tabaco que le fue concedido. Aquel pequeño establecimiento, con un escalón de bajada según me contaban los mayores,  estaba situado frente al desaparecido teatro Navarro, en la céntrica y estrecha calle Cronista A. Sandoval de Villarrobledo, aproximadamente entre el Nº 2 ó 4.

A los pocos años de su regreso, en aquel estanco de Villarrobledo, fue visitado por el General Juan Prim (1814-1870). Militar y político español. Destacado héroe en la Guerra Carlista y en la Guerra de África. Presidente del Gobierno y hombre influyente de la época.

General Prim

General Prim de visita en Villarrobledo

Pedro Castillo llegó a ser alcalde del municipio. Murió en 1894 con 60 años. Aquel estanco pasó a su hijo Pedro Castillo Ortega, quien murió asesinado en 1936.

Pascuala, su sobrina-nieta, conservaba hasta hacia unos años aquel papel que concedía el galardón y una foto que ella misma me la describía así: “El retrato era más o menos un cuarterón. Con la foto de tres lanceros, con sus caballos a medio cuerpo. En la mano izquierda las riendas y en la derecha la lanza. Llevaban un gorro de acero, redondo, barbuquejo en la barbilla,  la punta de la frente algo descolgada, y arriba un “pinche”. Es decir, exactamente como el dibujo que existe en Internet; de la foto saldría éste. Tanto el documento y la foto, así como el tubo militar porta-licencias de hojalata, fueron quemados bajo la idea de: “¿Esto quién lo va a querer? Rodando por ahí…”

El villarrobledense Pedro Castillo Ramírez, militar distinguido en aquella batalla

El villarrobledense Pedro Castillo Ramírez, laureado militar distinguido en aquella batalla. Tío-abuelo de la entrevistada

Desenlace: La basílica de Atocha en Madrid

El referido estandarte musulmán que consiguió Pedro Castillo, símbolo de la conquista en la batalla, y que le entregó a su General O’Donnell, fue a su vez entregado por éste el  al entonces Príncipe de Asturias d. Alfonso XII en el día de su santo (aquí tengo mis dudas: si 23 de enero de 1861, justo un años después de la batalla, San Ildefonso. O el 1 de agosto de 1860, San Alfonso M. de Liborio, de aquellas recién canonizado pero  menos asociado al santoral de la realeza española).

General O'Donnell

General O’Donnell

El estandarte se expuso en la antigua Basílica de Atocha de Madrid, sí, la que yo visité el domingo ¡¡cuánto lío para llegar hasta aquí ¿verdad?!!

Interior de la basílica de Atocha. Se aprecian estandartes militares sobre la nave lateral

Interior de la basílica de Atocha. Se aprecian estandartes militares sobre la nave lateral

La Basílica es recientemente nueva: recogida y pequeña, sin riquezas ornamentales ni imaginería excesiva. Ningún estandarte o banderín que buscar. Si no desapareció en alguna ida o venida, desaparecería en alguna revuelta o guerra… o quién sabe, tal vez se conserve de manera anónima en el Museo del Ejército.

Es una de las cinco basílicas que existen en Madrid. Numerosos han sido los avatares de esta iglesia que en la actualidad pertenece al convento de dominicos. Está situada sobre el antiguo convento de la Orden de Predicadores de Nuestra Señora de Atocha, que albergaba a su vez la primitiva ermita-santuario que daba culto a la Virgen de Atocha.

La antigua basílica, ahora en su solar está el colegio e instituto que regentan los pp. dominicos. Sólo se conserva el campanario

La antigua basílica, ahora en su solar está el colegio e instituto que regentan los pp. dominicos. Sólo se conserva el campanario

La antigua torre entre actuales edificios

La antigua y solitaria torre entre actuales edificios

Allí se venera la pequeña imagen de la Virgen María de Atocha, en madera sin policromar, de estilo tardorománico (s. XIII-XIV). Imagen sedente, con el Niño en su rodilla izquierda y una manzana en la diestra. La reina Isabel II, atribuyó salir ilesa de un atentado a la mediación de la Virgen, por lo que regaló dos coronas de brillantes y topacios, rostrillo a juego y manto real de terciopelo y armiño bordado en oro (en contadas ocasiones se exhiben en el Palacio Real de Madrid).

Interior en la actualidad

Interior en la actualidad

Virgen de Atocha

Virgen de Atocha

El siglo s. XIX no fue fácil, primero la invasión francesa y luego la exclaustración de 1834, cuandopasó el convento a cuartel de inválidos. La reina Mª Cristina mandó su derribo por abandono y deterioro.  No sería hasta 1924 cuando los dominicos solicitan su restauración y regreso. En 1926 se hizo el solemne traslado, hasta el violento estallido de la guerra en 1936.

La antigua basílica tras la guerra civil

La antigua basílica tras la guerra civil

En la actualidad la basílica sigue estando regentada por dominicos y asociada a la corona real como desde antiguo: Felipe V bautizó a su hijo Luis; allí se casó Alfonso XII las dos veces; desde la regencia de Maria Cristina los hijos de los reyes son presentados a la Virgen; Letizia depositó allí su ramo tras la boda con el Príncipe Felipe…

Sin contar los enterramiento, entre otros el famoso dominico fray Barlomé de las Casas. Allí, muy cerca, está el Panteón de Hombres Ilustres… pero eso es otra historia (entre otras cosas porque no pude visitarlo).

La actual basílica de Atocha

La actual basílica de Atocha, situada a escasos metros de la antigua

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Categorías: 2013 - Viajes del año, Madrid (capital), Villarrobledo | Etiquetas: , , , | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Pedro Castillo de Villarrobledo y la Basílica de Atocha – Madrid. 2013-XI-17

  1. Ana

    Cuanta historia y yo sin saber nada, gracias por contar estas cosas y así poder enterarme. Un abrazo

  2. Enhorabuena por esta entrada y por tu blog, te has ganado un paisano como lector. 🙂
    Quería decirte que, después de leerlo me he puesto a buscar (o bacinear) más cosas sobre este señor y he encontrado que desde el año pasado (7 de marzo de 2012) el Regimiento de Caballería de Farnesio entrega el premio “Cabo Pedro del Castillo” en los actos conmemorativos a la creación del Regimiento. Resulta que nuestro vecino, es el único militar de tropa del regimiento con la Laureada de San Fernando. ¡No sabemos lo que tenemos!
    Pensé que te gustaría saberlo…
    Un saludo,

  3. Javier

    Uno de los militares destacados de nuestra Muy Noble y Leal ciudad que va saliendo a la luz y reconociendose. ¿para cuando su estatua ecuestre? 😉

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